Lunes 15 DE Julio DE 2019
Opinión

El veintiuno, un siglo difícil y peligroso

El bajo crecimiento económico real que estamos observando hoy genera peligrosas expectativas y cambia el sentido de los juegos.

Fecha de publicación: 25-02-17
Por: Roberto Blum

Entre los años 1948 y 2000 la economía de los Estados Unidos creció a una tasa per cápita de 2.3 por ciento, pero algo ha sucedido recientemente y ya en este siglo el crecimiento promedio por cabeza en ese país ha sido menos del uno por ciento. Esta condición afecta a casi todos los países. El crecimiento económico mundial ha disminuido significativamente en el siglo XXI. Muchos estudiosos están tratando de entender las causas del fenómeno.

Para algunos, la causa es la creciente desigualdad social. Para otros, el bajo crecimiento se explica por la menor productividad de las nuevas tecnologías. Otros finalmente afirman que la causa es o bien la disminución del crecimiento poblacional mundial o bien el agotamiento de los recursos. El hecho indudable es que la economía ya no crece como crecía durante la segunda mitad del siglo pasado y también que no conocemos realmente a qué se debe realmente este fenómeno global.

En su obra El capital en el siglo veintiuno, publicada en el 2014, el economista francés Thomas Picketty afirma que la desigualdad ha venido creciendo debido a que las ganancias del capital son mayores que las ganancias del trabajo. Su tesis está basada en datos seculares, predominantemente franceses.

Walter Scheidel, en su reciente libro La gran niveladora: la violencia y la historia de la desigualdad desde la Edad de Piedra al siglo veintiuno, publicado este mismo año, dice que la desigualdad económica, social y política tiende a crecer durante los periodos de estabilidad, y solo son la violencia y la peste las encargadas de nivelar de nuevo a los hombres y mujeres. Son las guerras, las revoluciones de verdad y el colapso de los Estados, así como las grandes epidemias, los que disminuyen la desigualdad y posteriormente generan el crecimiento. Sin duda, es esta una tesis muy pesimista.

Según estos expertos, la desigualdad en el ingreso es en gran parte la responsable del bajo crecimiento de las economías. Su argumento es sencillo: se produce para consumir. Si el consumo no crece vigorosamente, la producción tampoco lo hará.

Para otros expertos –Robert J. Gordon, por ejemplo– las nuevas tecnologías son mucho menos productivas de lo que fueron los grandes inventos tecnológicos de los siglos XIX y XX. No se puede comparar realmente en términos de productividad la introducción de la electricidad o el agua corriente en los hogares, la aparición del ferrocarril o del motor de combustión interna, con la utilización masiva de los teléfonos inteligentes. Tyler Cowen cree que el estancamiento en el crecimiento se debe a que ya recogimos los frutos fáciles de recoger. Ya aprovechamos los recursos fácilmente asequibles. Ahora deberemos buscar y obtener los recursos que exigen mayor esfuerzo y cooperación.

El Club de Roma, fundado en 1968 por personalidades como Alexander King, David Rockefeller y Aurelio Peccei, encargó a un equipo multidisciplinario de científicos elaborar un reporte sobre el futuro del mundo. En 1972 dichos científicos publicaron Los límites del crecimiento, libro en el que afirmaron que, si no se tomaban las medidas para lograr un crecimiento sostenible en el largo plazo, el mundo llegaría al colapso a mediados del siglo XXI. Posteriormente han seguido publicando diversos reportes, en los que siguen observando las tendencias señaladas en el reporte original.

Parece que, efectivamente, el bajo crecimiento económico real que estamos observando hoy genera peligrosas expectativas y cambia el sentido de los juegos. Cada vez más individuos comienzan a actuar como si el juego social fuera un juego de suma cero. Lo que unos ganan, otros lo pierden. Se trata de una percepción falsa y peligrosa con graves repercusiones sociales y políticas.