Miércoles 22 DE Noviembre DE 2017
Opinión

Un ermitaño gobernando

O simplemente ausente.

 

— Helmer Velásquez
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Luego de siete meses de haber delegado el mando del Gobierno –intentó hacerlo por sí mismo los primeros seis meses– en favor de una misteriosa telaraña de viejos políticos: militares de tercera línea y políticos cultivados a la sombra, de gobiernos “democráticos”. Morales Cabrera, ya no goza del beneficio de la duda, que le acompañó los primeros meses. Puede dar la sorpresa y “salir” buen Presidente, era expresión generalizada, en el ámbito popular. Eso terminó. Está claro: la historia no le distinguirá por sus ejecutorias, sino por su afán de no hacer y no protagonizar. Es un tipo evitado, dirían las abuelitas. Sin embargo, estas características, apreciadas, en personas sin responsabilidades públicas de envergadura. Resultan desafortunadas en un Jefe de Estado y de Gobierno. Si a lo anterior, agregamos que discursivamente no da una. Debemos concluir que calladito se ve mejor. Como sentenció Taracena.

Para terminar de complicar las cosas, su chaman, le hace pronósticos de bolo embelequero: “cuídate: un golpe de Estado ronda tu histórico gobierno”. Rumor <bien fundamentado> que el Doctor Morales –transparente que es– se apresuró a comunicárselo al pueblo. Obviamente alborotó el cotarro e iniciaron las cábalas sobre el origen de los movimientos de silla. La conclusión más obvia: es que su chaman esta coaligado con la oscura telaraña de cofrades que le rodea y producto de aquella asociación ilícita, montó la historia. Mal parado quedó el Doctor frente a la sociedad, por influjo de aquel brujo conspirador. La razón más clara de haberlo echado de cabeza ante la vergüenza pública, es mantenerle debilitado y sin posibilidad de reacción. Atontado y escondido. Así, la misteriosa cofradía del guacamolón, continuará gobernando sin interferencia alguna. El Doctor Morales Cabrera solo firma, atiende Embajadores y conversa con su pastor traído de los meros Estados Unidos de América.

Esta rocambolesca historieta, no tendría la menor relevancia si su protagonista fuese un miembro más del proyecto Moralejas. El problema es que se trata de quien personifica la “unidad de la nación” y tenerlo desconectado del Gobierno, permite a las mafias, grandes o chiquitas, nuevas o viejas, operar a sus anchas. A terratenientes, acelerar el acaparamiento de tierras y desalojar campesinos pobres. A diputados mantener su vida loca, absolutamente olvidados de los intereses nacionales. A los roba ríos tener más caudales. Es decir, un estado más ausente que antes. Don Jimmy necesita mojarse la cara e hinchar corazón o esta sociedad avanzará hacia otro círculo del infierno. Sustituir la cofradía misteriosa, por ciudadanos probos, aún puede evitar el caos.