Domingo 23 DE Septiembre DE 2018
Opinión

El coro de ángeles

La verdad, se trata de un coro diabólico.

 

— Miguel Ángel Albizures
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Las plegarias públicas y a todo pulmón para que no se apruebe el derecho indígena, se elevan a cada momento, copan los medios de comunicación para que llegue a todos los rincones y se escuche la cantaleta de que “todos somos iguales”. Por eso se han unido una vez más, como lo hicieron en el intento de reformas pasadas o cuando se pretende subir impuestos que pueden, mínimamente, afectar sus intereses. Pero no nos equivoquemos, en el fondo de su posición, está el rechazo a las reformas constitucionales relacionadas con el sistema de justicia.

Eso es lo que les quita el sueño, pues temen que la justicia les caiga encima, ya sea por sus acciones personales o de las sociedades anónimas que manejan, pues saben que se puede hacer realidad el dicho de “dime con quién andas y te diré quién eres” y a partir de ello, sufran la investigación y paren en el bote, pues sus juntas y “juntitas” no son muy transparentes que digamos.

Los miembros del coro, viven y quieren seguir viviendo en un Estado construido por sus antepasados, y sostenido por ellos sobre los tres pilares que le siguen manteniendo: Exclusión, racismo y discriminación y cualquier intento de transformación es un atentado a sus intereses. Desgraciadamente hay gente que no tiene nada que ver con las élites, que carece de recursos, que no es indígena, pero le han metido en la cabeza que se quiere dividir al país. Que Guatemala es una, que todos somos guatemaltecos y la justicia debe ser una aunque en la práctica exista una ausencia total del Estado en muchos municipios y aldeas en donde ni hay presencia policial, ni mucho menos fiscales o jueces.

La verdad, se trata de un coro diabólico, el mismo que se opuso al juicio por genocidio y el que sigue viendo micos aparejados en todas partes y siente que puede perder la hacienda que la ha gobernado como le da la gana. Lo importante de la oposición a las reformas que férreamente mantienen las élites, es que pueden provocar la unidad de los pueblos mayas y eso sí sería ganancia para el país porque darían una batalla conjunta en defensa de sus derechos y prácticas ancestrales. Ojalá así sea, pues hace falta un frente común en el que participen las diversas organizaciones sociales con acciones y propuestas que saquen al país de la situación desastrosa en que se encuentra y ponga en cintura a quienes insisten en mantener el sistema injusto en que vivimos.

La decisión está en manos de los diputados, ellos son los que tendrán que decidir si echan para adelante las reformas que son necesarias para fortalecer todo el sistema de justicia o si hacen caso a quienes siempre se han opuesto a importantes cambios que benefician al país y a la mayoría de la población.

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