Miércoles 21 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Honor a quien honor merece

— Jose Rubén Zamora
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Guatemala sigue anclada y atrapada por la intransigencia, la ignorancia, la corrupción voraz y galopante, el sectarismo, la polarización, la radicalización y los extremismos políticos. Cuando finalmente es posible observar a los lejos, una luz al final del túnel, la aristocracia de la corrupción y la impunidad, los corruptos de la izquierda y derecha, que no son ni de izquierda ni de derecha, simplemente son corruptos, logran, de manera inconcebible, ideologizar el debate político, transformarlo en un campo minado, enfrentarnos entre hermanos y estancar la búsqueda de arreglos y la indispensable, inevitable y necesaria discusión. Con una habilidad sin parangón, logran llevarnos al borde de sopapearnos, y, según parece, ganas no nos faltan; como que 40 años de guerra no hubiesen bastado.

Es vergonzoso que sigamos viviendo en el paleolítico, guiados por desequilibrados, con mentes rústicas y minimalistas, que de lo único que saben es de infamias, canalladas y limpieza social.

Como decía don Mario Monteforte Toledo, con la aquiescencia del Maistro Maco Quiroa y la risa cómplice de Muso Ayau y Corbata González del Valle: si los suecos vinieran a vivir a Guatemala se harían mierda y si los chapines nos fuéramos a vivir a Suecia la transformaríamos en una piscina de estiércol.

No cabe duda que nuestro ADN es una mezcla desafortunada del ADN de termitas, pirañas, comején y polillas, capaces de destruir y exterminar cualquier sociedad, proyecto, emprendimiento o empresa económica política o social. Nuestros egoísmos y voracidad sin fronteras no nos permiten vivir en colectividad. Nadie quiere soltar prenda.

En este complejo e indescifrable contexto, lleno de canibalismo, incomprensión y obstáculos, valoro en toda su dimensión los enormes esfuerzos de la señora Thelma Aldana, de Jorge de León, de Juan Francisco Solórzano Foppa, de Francisco Rivas, quien no obstante se encuentra asediado y bajo el fuego tupido de francotiradores, y el discurso alentador, lúcido y sensato de José González Campo y fundamentalmente del señor comisionado Iván Velásquez y del señor embajador Todd Robinson, por sus invaluables esfuerzos y su papel como agentes de cambio político, social y jurídico, sin embargo, sujeto a cualquier cantidad de zancadillas. Aunque, nosotros, los guatemaltecos, particularmente sus elites, no hayan estado a la altura de la circunstancias. Avergonzado y entristecido, agradezco su compromiso con un futuro para Guatemala de decencia y civilización, y su convicción de haber querido ir más allá de lo que su deber exige. En todo caso, deben saber, que su acompañamiento no ha caído en saco roto y que la revolución contra la corrupción y la impunidad es imparable.

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