Lunes 24 DE Junio DE 2019
Opinión

La Pena

“No educa ni sustituye”.

 

Fecha de publicación: 22-02-17
Por: Anabella Giracca

Un país civilizado tiene como credo, defender la vida de todos sus habitantes. Sin discriminación ni hegemonías. Su anhelo es garantizar una feliz y pacífica convivencia. Un país próspero destina grandes esfuerzos en prevenir la violencia. En educar a su niñez, a sus jóvenes para que crezcan como seres humanos íntegros y dignos. El verbo “matar”, hoy es sustituido por el verbo “prevenir”, “construir”, “formar”.

La pena de muerte es un camino demasiado ingenuo para escapar del problema de violencia que padecemos; una disculpa para no afrontar sus causas reales. Una máscara de supuesto “orden” y “castigo” que no hace más que ocultar incapacidades debajo de la alfombra… Pero hay quienes insisten.

La pena de muerte es signo de atraso, y no hay pruebas científicas válidas que respalden que tiene poder disuasorio sobre la delincuencia. Hoy, su erradicación está cobrando impulso en todas las regiones del mundo. Ojo que acá está parcialmente abolida, ya que no se aplica a las mujeres.

No es solución. Simplemente desvía las posibilidades de proporcionar soluciones efectivas como son las políticas sociales de inclusión. ¿Cortina de humo? Toda ejecución es un acto brutal que deshumaniza a quienes la realizan y disminuye el valor que la sociedad atribuye a la vida humana. Un Estado democrático no puede, no debe recostarse en ella. Además, injusticias se han cometido al aplicarla equivocadamente.

No nos engañemos, la violencia tiene su raíz en causas estructurales, como la exclusión, la marginalidad y la discriminación. De 60 por ciento de pobres, el 70 por ciento son jóvenes cuyo futuro se los escogió una sociedad excluyente y un Estado deshumanizado: migración, mano de obra barata, mercado informal o, en el peor de los casos, incorporación a las bandas criminales.

Por seguridad humana se entiende la necesidad de tener un techo, alimentación, educación, salud y acceso a los servicios básicos. Factores fundamentales para acceder a un trabajo digno y garantizar la gobernabilidad política y social. La pena capital no educa ni sustituye, sino nos hace más violentos. Basta de aceptar soluciones simplistas a un problema tan complejo como lo es esta cultura de violencia generalizada. Brutal. Si se trata de combatir la barbarie, pues no lo hagamos con venganza. Busquemos justicia, porque no se debe legislar desde el incalculable dolor de una víctima, sino desde la razón de un Estado.

PD: Hay mucho que reformar en nuestra Constitución en materia de justicia, empecemos por los buenos planteamientos que ya están en la mesa. Sin miedo.