Miércoles 17 DE Julio DE 2019
Opinión

Enfoque: Guatemala, una sociedad complicada

Más de cinco siglos de división, confrontación y desconfianza; afloran sentimientos encontrados entre grupos sociales.

Fecha de publicación: 22-02-17
Por: Gonzalo Marroquín Godoy

Para los sociólogos estudiosos de la sociedad guatemalteca, no debe ser ninguna novedad ver entre nosotros actitudes confrontativas y una marcada desconfianza que impide –muchas veces–, que se puedan alcanzar puntos de entendimiento entre grupos sociales o comunidades. La historia nos ha marcado y desde la época de la conquista se repiten este tipo de situaciones.

Ciertamente hay un reconocimiento –además innegable– de nuestra pluriculturalidad, evidente a lo largo y ancho del país. No debemos olvidar que en Guatemala se hablan más de 20 lenguas, como tampoco que las costumbres, tradiciones, educación, forma de pensar y ver el mundo, son muy diferentes entre comunidades indígenas y ladinos.

Tristemente, el paso de cinco siglos no ha sido suficiente tiempo para lograr una amalgama adecuada que nos permita ser una sociedad integrada, respetuosa y con una visión común de Nación. ¡Absolutamente no! Hemos llegado al siglo XXI con esa marca de origen: división, confrontación, desconfianza.

No me refiero a una actitud solamente entre grupos étnicos, esto es algo que se observa en casi todas las actividades y sectores de la sociedad.

A esta enorme complejidad social, hay que añadir el ingrediente ideológico que también nos ha marcado como sociedad –más división–, producto del conflicto armado que durante 36 años nos agobió y aún genera las posiciones más radicales entre quienes gustan de defender las posiciones de izquierda o derecha extremas.

Ese es nuestro entorno como sociedad. Esa es Guatemala, eso somos los guatemaltecos. Y aunque esta realidad es tan evidente, los actores políticos no siempre –más bien casi nunca– los toman en cuenta o reconocen, ni se ha buscado alguna vez la fórmula que permita una mejor convivencia, más pacífica, respetuosa y con visión de desarrollo y de largo plazo.

El resultado es el que ahora estamos viviendo con la llamada conflictividad social que se ha exacerbado con el tema de la justicia indígena, exigida por unos y rechazada por otros. Pero lo malo es que nadie anticipó el nivel de confrontación al que podemos llegar como sociedad, como país. Ahora el debate ha subido de tono y, ¡pase lo que pase! con la reforma constitucional, estaremos inmersos en un proceso de mayor división, más desconfianza y, sin importar quien resulte ganador, un sentimiento de frustración y/o resentimiento.

Con el tema en el tapete de discusiones, las partes se han vuelto más radicales. Esta iniciativa nos ha llevado a una encrucijada en la que, sin importar el camino que se tome, veremos mayor confrontación social.

La reforma constitucional al sector justicia era y sigue siendo necesaria, pero no se supo anticipar los temas que generarían conflicto y se volverían, a la larga, en un valladar quizás insalvable.

Si se aprueba esta jurisdicción indígena en el Congreso hoy, preparémonos para una guerra por el NO y el SI sin precedente en nuestro país. Si no se aprueba, la conflictividad social se volverá pan nuestro de cada día, y si se prolonga la discusión, solamente se alargará la agonía para caer luego en alguna de los dos opciones mencionadas antes.

Hay otra víctima en este conflicto, y es la CICIG y la figura del comisionado Iván Velásquez. Su desgaste es muy fuerte en un sector de la sociedad que le ha apoyado. Si su lucha contra la impunidad y la corrupción no fuera de vital importancia para el país, esto no importaría tanto. Para él, la tarea en esa batalla que libra junto a Thelma Aldana será ahora más cuesta arriba, porque muchas fuerzas oscurantistas estarán trabajando en promover mayor desgaste y pérdida de credibilidad que los ya sufridos.

No hay ganador en todo esto. Todos perdemos. Lo peor, es que no hay liderazgos que puedan hacer que las cicatrices que queden sanen pronto. No hay médicos para eso. Tendremos que padecer por todo lo que ha ocurrido, sucede y lo que está por venir.