Sábado 17 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Encontrar o crear

No se trata de encontrarse si no de crearse a uno mismo.

 

— Luis Fernando Cáceres
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Muchas personas ­–o por lo menos la mayoría de las pocas que reflexionan sobre esto– piensan que uno tiene una obligación central que radica en encontrarse a uno mismo. Sin embargo, me gustaría plantear acá que, quizá, no se trata de encontrarse si no de crearse a uno mismo. Antes de entrar en mucho detalle acerca de esto, es adecuado notar que además hay otro grupo de individuos que apoyan la idea que invita a las personas a encontrar una pasión de vida y tratar de dedicar su existencia a ella. Creo que el amigo Confusio tenía la boca, flanqueada por esos largos bigotes, colmada de conocimiento y razón: “Encuentra una actividad que te apasione y no tendrás que trabajar un solo día de tu vida”.

A pesar de que creo que el lograr hacer realidad las palabras de Kong es ganancia, creo que en general estas se entienden de forma parcial es decir, creo que es vital aclarar que el recorrido de nuestra vida es algo dinámico y mudable. Esa pasión de la que hablábamos arriba es pues algo que puede y, acaso, debe permutar en el tiempo. Terri Trespicio presenta una muy clara analogía: “La pasión son los maderos que crean fuego al frotarlos”. Me parece adecuada porque los palos se consumirán en el fuego que crearon y, además, un set nuevo de palillos tendrán la misma capacidad de generar un nuevo fuego. La vida es cambiante, la capacidad de reinventarse a lo largo del camino es la medida en que lograremos mantenernos vigentes y relevantes.

Y esto nos lleva de regreso a la discusión sobre la obligación central del humano que radica en construirse más que en encontrarse. Dave Isay, fundador de Story Corps, lo pone claro: “Encontrar su propósito de vida no es algo pasivo, en otras palabras, uno no solo encuentra su llamado, uno pelea por él”.

Isay, en su nuevo libro, explica que las personas al exponernos a ciertas actividades encontraremos pasión por una actividad en la que somos buenos ejecutores, donde nos sentimos apreciados y en la cual creamos que nuestro trabajo genera valor en la vida de otras personas.

Muchas veces, explica Isay, el proceso de generar un área que desate pasión en nuestra existencia, resulta de vivir experiencias difíciles y, posiblemente, dolorosas. Ayodeji Ogunniyi lo explica así: “tener una vivencia que realmente lo sacuda a uno, que le recuerde lo frágil que la vida puede ser, es una experiencia muy clarificadora”.

Uno puede escuchar muchas historias y siempre llegar a lo mismo: una pasión verdadera requiere mucho trabajo y valor. Wendell Scott, quien se convirtió en 1952 en el primer piloto de color en correr en Nascar tuvo que permanecer firme a pesar de múltiples amenazas de muerte recibidas por grupos extremistas. La científica Burnell Cotlon, cuyo trabajo ayudó a entender mejor las perdidas en pleno embarazo, tuvo que soportar fuertes críticas basadas en su género y no en su trabajo. Un llamado verdadero requiere, pues, mucho coraje para mantener el curso a pesar de ataques y condiciones difíciles.

Sin embargo, lo que uno hace luego de identificar esa área de pasión es lo que realmente cuenta. La oxidada postura de encontrarse a uno mismo parte de un lugar donde se presume que en un lugar específico alguien se encontrará a si misma y esto será como encontrar la providencial olla de oro al final del ar-coíris. Pero esto en realidad, insisto, es un proceso y no un destino. Es un asunto que requiere trabajo y valor.

Puede ser que seguir un llamado implique cambiar carreras, regresar a estudiar o poner el ingreso económico en juego. Las pasiones y los llamados conllevan pues la necesidad de reinventarse, de darse nuevas oportunidades y de mantener un paso evolutivo. La edad o el ciclo de vida en el que nos encontramos no es relevante en el sentido que un proceso realmente fluido puede darse en cualquier momento de la vida. Es más, es posible –y hasta deseable– que se de en varios momentos de nuestra existencia.

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