Lunes 20 DE Noviembre DE 2017
Opinión

Trump envía al Hombre del Muro, para impresionar

Por llegar el primer enviado de la Casa Blanca al país; es el “duro” encargado de ejecutar las políticas migratorias represivas.

 

— Gonzalo Marroquín Godoy
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El mensajero ha sido una figura utilizada con múltiples fines, pero siempre presente en cualquier época de la historia. Los ha habido desde humildes servidores de reyes y nobles, hasta familiares o personalidades destacadas de las Cortes y, con el paso del tiempo de los gobiernos establecidos.

La posición social o política del mensajero, ha permitido también que se pueda medir la importancia del mensaje que se está enviando. Ante un personaje de rango superior, no es difícil anticipar que se trata de algo de mayor trascendencia. En la historia hubo reyes que para influir más, enviaban a sus hijos a negociar con el enemigo, para que sintieran su posición de fuerza.

Después de este preámbulo, veamos la historia de un mensajero que está por llegar al país.

Se trata del general estadounidense John Kelly, flamante y poderoso secretario de Seguridad Nacional, quien hará una breve visita a Guatemala, para convertirse así, en el primer enviado de la Casa Blanca a nuestro país. Por supuesto que el momento estelar será la entrevista que debe sostener con el presidente Jimmy Morales, en donde estarán presentes –sin duda–, los temas que a él le interesan: migrantes, narcotráfico, terrorismo y, consecuencia de ello, el Plan de la Prosperidad.

No es un mensajero cualquiera. Es un marine que ha servido a su país, veterano de la Guerra del Golfo, que además estuvo al frente del Comando Sur, y de quien se dice sabe reconocer entre los latinoamericanos a los duros, capaces o inútiles–palabras más o palabras menos–, producto de su experiencia con políticos, funcionarios y militares de la región.

Menuda prueba para don Jimmy, más acostumbrado al mundo bohemio, de chistes, fábulas y conversaciones ligeras. Tendrá enfrente a lo que los estadounidenses suelen llamar un halcón, agresivo y, según dicen quienes le conocen y así lo ha escrito la prensa estadounidense, un hombre de lenguaje duro y directo.

En Crónica se le ha llamado EL HOMBRE DEL MURO, porque será también el encargado de llevar a cabo esa la prometida obra de Donald Trump para marcar sus diferencias con la región latinoamericana en la frontera con México. No hay que olvidar que ese muro no es solo para evitar el ingreso de mexicanos, sino también el de guatemaltecos, salvadoreños, hondureños o de todas las nacionalidades que siguen la ruta del otrora sueño americano. Además, él piensa que servirá para detener a narcotraficantes y terroristas.

Así que Trump ha escogido a su primer mensajero para Guatemala al más alto nivel. Tiene rango destacado: es la cabeza de la Seguridad Nacional, es general de muchas estrellas, conoce la región y a su gente y está en plena sintonía con Trump para aplicar con dureza su política migratoria. Por tanto, el mensajero, es quien seguramente dará dolores de cabeza a nuestros connacionales que han ingresado ilegalmente a su país, pero que contribuyen con su economía.

El problema es que Guatemala ha mostrado tibieza en su apoyo a los migrantes guatemaltecos. Ciertamente han faltado políticas definidas desde gobiernos anteriores, pero ahora, bajo las amenazas de Trump, esa tibieza alcanza niveles preocupantes.

Ciertamente Estados Unidos es nuestro principal socio comercial –para decirlo de manera bonita–, pero la postura del Gobierno debe ser de dignidad, de exigir el respeto a los derechos de los migrantes, y de plantear la necesidad de mantener relaciones armoniosas,

basadas en el respeto mutuo.

Nunca ha sido fácil encontrar ese equilibrio, precisamente porque se trata de un socio muy poderoso, pero de por medio está el bienestar de cerca de tres millones de guatemaltecos que, con su esfuerzo y sacrificio, se han vuelto en piedra angular de nuestra economía.

No sé si se podrá enviar un mensaje de vuelta a Trump, pero ojalá se le diga que las políticas de buena vecindad, son las que mejores resultado dan. Cuando nos peleamos con los vecinos, por más pequeños y débiles que puedan ser, se crea una incomodidad que no se puede medir hasta que los acontecimientos se presentan…

El mensajero nos dejará una posición firme. Ojalá que, al menos se entienda correctamente, para saber en dónde estamos parados.