viernes 17 febrero 2017
Opinión

Vicente Huidobro, en paracaídas

Estamos en el ciclo de los nervios. 

— Fernando González Davison

El joven excéntrico e hijo de un banquero rico expuso su manifiesto rebelde Non Serviam (no serviré a nadie) en Santiago de Chile en 1916. Dos años después fue a París y postuló el Creacionismo como su guía literaria, pero ya habían otras escuelas parecidas como el cubismo y otros ismos. La Guerra Mundial y sus millones de muertos hicieron de la supra realidad y mil juegos de palabras su credo. Se acercó a Apollinaire, Pierre Reverdy y Louis Aragon y juntos publicaron en la revista Nord-Sud. Se unió a la vanguardia hispano francesa y publicó el poemario en francés Horizon Carré al año siguiente. Compartió vivencias con Modigliani, Picasso, Juan Gris, Miró, Eluard, buscando nuevos lenguajes. La poesía de Triztán Tzara en Suiza creaba otra magia similar a la de Apollinaire y Huidobro, como los jóvenes Vallejo, Cardoza, Neruda y una generación de literatos españoles que siguieron en esa sintonía, algunos siguiendo secundando a Nietzsche, Schopenhauer, Kierkegaard, Henri Bergson, Marx, Lenin, Trostky… En un momento Huidobro escribió su largo poema “Viaje en paracaídas”, cuyo personaje central era Altazor, como se le conoce al poemario, que es un retrato de sí mismo. Así voló una tarde en que “cogí mi paracaídas y dije: Entre una estrella y dos golondrinas. / He aquí la muerte que se acerca como la tierra / Al globo que cae… ahora mi paracaídas cae de sueño en sueño / Por los espacios de la muerte”.

En caída libre el culto cosmopolita miró abajo a la Torre Eiffel y se afirmó en su paracaídas, viendo pasar su vida en un segundo, llegando a entender que nacemos cayendo, mientras el subconsciente echa chispas. Altazor siguió el guion y planeó sobre la multicolor Ciudad Luz y lloró porque él y su grandeza serían breves. Qué gran desilusión la vida pasajera donde todo pasa y no cesa de pasar, como dijo Pessoa. Huidobro atormentado se creía el ego más iluminado del sur que se extinguía a cada segundo.

Como un ángel caído a la deriva del viento se sostiene por las cuerdas que atan a su alma al aire. “Si yo no hiciera al menos una locura al año, me volvería loco” Sin ninguna posibilidad de redención ni por su alma inmortal, entendió que también era un “enfermo en la camilla” como Baudelaire, Verlaine, Rimbaud y Mallarmé, pacientes alocados por la revolución industrial y las guerras. Madrid. Nueva York. “Mujer el mundo está amueblado por tus ojos” “¿Qué combate se libra en el espacio?” Y suspiraba como un acróbata delante de La odisea, La Eneida, la Divina Comedia… “Háblame musa, de aquel varón de multiforme ingenio”, /“Mentre io vivo convien che nella mia lengua si scerna”. En un momento trastumba y sus ojos ven otro mundo: “Heme aquí perdido entre mares desiertos”. “Sueño en un sueño sumergido”.

Altazor es halado de pronto por un ciclón y lo lleva a las altas cimas escarpadas entre nubarrones y granizadas, sobre riscos y arenosas playas, allende las misteriosas columnas de Hércules. El viento Atlántico lo elevó por los aires dejando atrás a la humanidad bajo llave. En vuelo rasante sobrevoló los Andes, escuchando cantos y alguna disputa política. Y metabolizó la sangre de tres continentes. Después de chocar con Neruda, fue prolijo en teatro, novela, ensayos, artículos, caligramas…

Altazor dudó cayendo si las almas reencarnan en ángeles, en demonios o en nada. Qué disociación. Los gritos, el hambre, la sed,¡auuuuuu! Abrazó el lazo de la gracia intemporal y fue aterrizando sobre los nevados y glaciares de Aysén, “Mientras exista poesía, vivirás” le el viento y se quitó la máscara de Altzor con el pelo arrebolado por el ventisquero: “Todas las lenguas están muertas”, dijo en son de broma y agregó que su grandeza había crecido en demasía, pues descubrió que todos somos parte del Todo. Y sonriendo se puso a saltar cantando “Lunatando aia ia ia ia aiaui tralalí”. “El Poeta es un pequeño Dios”, escribió el año que yo nací, en 1948, cuando él vate murió. Allí en “la espera de mi retorno”… “Hay que guardar silencio. Esperar en silencio”. Que “Tu cabeza cuelga del humo de tu cigarro”.