Jueves 23 DE Noviembre DE 2017
Opinión

Lumbre sobre la podredumbre

Lo que más desmoralizados y perplejos nos tienen es ver que se han quedado paralizadas las persecuciones legales contra funcionarios de los pasados regímenes. 

— Silvia Tejeda
Más noticias que te pueden interesar

Fue sorpresiva y desesperada la intervención del diputado Manuel Conde, cuando el día de ayer, ante el público presente en los recintos del Congreso de la República planteó la situación de caos y de incertidumbre en que estamos viviendo, por causa del precipitado debilitamiento de los organismos de Estado. Se siente y con tantito, se sale de control. Precisamente, lo que están provocando los grupos que se afanan en las campañas de desestabilización que aparecen con diferentes máscaras, porque defienden distintos intereses. Unidos todos, para recuperar los tiempos más corruptos y políticamente contaminados que se han vivido en Guatemala durante los últimos diez años.

El diputado Conde propuso, enfáticamente, que se debe crear un mecanismo para restaurar la institucionalidad en el país. Planteó la necesidad que los presidentes de los tres organismos de Estado se reúnan, para que entre los tres conversen sobre los mecanismos para fortalecer el Estado de Derecho. ¿A cuál Estado de Derecho se refirió el diputado? Es lo único que se debería aclarar: ¿El que se ha manoseado los últimos años? ¿O a restituir la institucionalidad con Justicia y equidad? A la que aspiramos la mayoría.

Imagínese lector si eso piensa y siente un político de vieja y amplia trayectoria, que ha sido propuesto por distintos partidos políticos, en su debido turno, quién de los demás políticos, que ahora se manejan con poder, tiene la capacidad de imaginarse lo que experimentamos la mayoría de guatemaltecos ante la situación de inseguridad, criminalidad, alto costo de la vida, frustración en el tráfico y el transporte y cargando en nuestras espaldas todas las carencias de educación, salud, los barrios por las maras, etc. todos los días del año.

Si los políticos lo quieren saber: los guatemaltecos estamos también desesperados, acorralados y decepcionados por ese juego de intereses sectarios que se sigue practicando entre los representantes del Gobierno central y los grupos mayoritarios en el Congreso de la República. En primer lugar, elegimos un presidente, a quien el partido que lo propuso frecuentemente le zafa el apoyo. Ese partido es temerario, porque no solamente recibió en sus filas a los huérfanos de la inmensa corrupción que se practicaba en los partidos PP y Lider, sino que ahora se unen a otros grupos más nefastos todavía, para tirar por tierra algunas de los pocos programas que buscan más claridad y limpieza en su trabajo. Como sucede en el caso de la SAT, el ministro de Finanzas y los de turno que quieren eximir del pago de impuestos a grupos que ya hacen fila en los corrillos del Congreso. Una cosa es que los gobiernos de países como Suiza e Inglaterra subsidien a agricultores –por razones alimentarias para sus pueblos a la hora de una guerra– otra, que no los obliguen a pagar impuestos.

Lo que más desmoralizados y perplejos nos tienen es ver que se han quedado paralizadas las persecuciones legales contra funcionarios de los pasados regímenes que se dice, que cometieron millonarios desfalcos, recibieron mordidas millonarias, en dólares, y ni la justicia local, ni la internacional los logran hacer reaparecer. Léase: Los casos de los exministros Sinibaldi, Archila Dehesa y los más importantes cometidos por compañías transnacionales como Odebrecht y los sobornos recibidos por los sonada red de Puerto Quetzal, liderada por Marroquín, entregada por la compañía de la Terminal de contenedores TCQ. Agreguémosle la forma como se subsidió la negociación de Transurbano.

Los exfuncionarios y grupos de beneficiados por el millonario saqueo están utilizando a sus más arraigados peones para que se sostengan en los cargos, para que les tiren las cuerdas de salvamento, no los dejen hundirse y vuelvan a la superficie, cierren filas y que ese poder corrupto y depredador vuelva a sus manos.

Exigimos lumbre –más claridad en las decisiones– sobre la podredumbre, de una situación oscura que continúa, es decir decisiones claras y justas sobre todos los aspectos en que se consumen los organismos del Estado porque en sus recintos se continúa tomando decisiones que benefician a individuos o grupos de presión que no representan a los guatemaltecos ni decisiones justas.