Jueves 23 DE Noviembre DE 2017
Opinión

Hegemonía cultural y ciudadanía indígena

La compleja diversidad cultural se enfrenta al muro de la hegemonía.

— Carol Zardetto
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La discusión de las reformas constitucionales para el sector justicia tiene una piedra en el zapato: el reconocimiento al ancestral sistema de justicia indígena que, sin pedir permiso y con plenitud de legitimidad ha venido operando con singular eficiencia en múltiples comunidades. Para los ladinos guatemaltecos criados sin sentimientos de pertenencia ni a nuestra comunidad más inmediata, ni al sentido de Nación, podría parecer exótico y extraño un sistema de justicia integral como el que gozan los pueblos indígenas de Guatemala. Autoridades que son legítimas porque su liderazgo nace del servicio a la comunidad; interés por resaltar la conciliación por encima del castigo, la reparación como un elemento central y un medio efectivo de lograr la paz social. Temas avanzados para la mente ladina acostumbrada a otras cosas: la limpieza social, la prisión deshumanizadora, la represión más infame. Y acostumbrados también a la ausencia de comunidad que lanza a la marginalidad a grandes grupos de la población y luego los desecha y criminaliza.

El sistema jurídico “oficial” dista mucho de ser ejemplar. Podríamos aprender algo de las prácticas de una cultura milenaria. En lugar de envilecer y desprestigiar desde la ignorancia y de la mano del miedo. Resulta casi un sarcasmo que se glorifique en estas condiciones la “justicia igualitaria”. ¿Qué significa para una persona indígena ser “iguales frente a la ley”? Básicamente, la obligación de someterse a una legislación que obedece a valores culturales ajenos, que además se formula de manera rígida en códigos escritos en idioma español, donde la abrumadora mayoría de juzgadores no habla idiomas indígenas y donde prácticamente no existen traductores o defensores que puedan manejar ambos idiomas. Una justicia de este corte no es igualitaria. Es
segregacionista.

Me parece que la palabra que debería regir este momento es: respeto. La cultura indígena, los ciudadanos guatemaltecos indígenas merecen todo el respeto. Y la verdadera igualdad sería en este caso, reconocer la igualdad de derecho a tener una cultura con valores propios y una visión propia de la institucionalidad. ¿Que eso nos divide? Pues es hora ya de reconocer lo que hasta los conquistadores y colonizadores españoles reconocieron tiempo atrás. El territorio de Guatemala está habitado por culturas diversas. Todas con derecho a existir. Encontrar en medio de esta complejidad una manera de convivir con respeto sería una victoria. Por fin contar un sistema de justicia verdadera donde todos nos sintamos representados.

En cuanto a la férrea oposición que ha mostrado CACIF, convendría que dejaran ya de actuar en calidad de administradores de la democracia. No les corresponde. El país es de todos y la tarea pendiente es construirlo para que sea incluyente.