Jueves 16 Febrero 2017
Opinión

Justicia única: La criolla

En solidaridad con Abelino Chub Caal.

 

— Helmer Velásquez

Las peores pesadillas han vuelto a las noches de los señores de La Cañada, los indios continúan arremetiendo. Esta vez “hasta quieren reconocimiento constitucional, a sus deleznables prácticas”. Imposible. Hay que echar mano de la caja chica, adquirir votos suficientes en el honorable de la novena y asustar con el petate del muerto, a empleados y familiares. Esto último nunca ha fallado, murmuran. Así, lanzan una campaña de desinformación en clave de educación popular, indispensable, para que entienda la afición crema y roja. La aurinegra ya está firmes.

El argumento central de la campaña desinformativa, es que en este país la justicia es “única” y así debe de seguir. No debe dividirse –Peligro que inventan. Tal asunto no aparece en el texto de las reformas– y continúan: ¿para qué? si <todos somos iguales ante la ley>. Aquí algunos ejemplos de aquella igualdad: ciento ochenta y cinco órdenes de captura en contra de comunitarios q’eqchi’, bajo sindicación de haber cometido una larga lista de delitos. En contrario, cero órdenes de captura en contra de terratenientes que desvían el cauce de los ríos. Es tan igual nuestra semejanza ante la ley que a Ríos Montt, la justicia única le perdonó, una condena de ochenta años de prisión. A cambio comunitarios de La Puya son condenados a nueve años de prisión conmutables. Somos tan iguales ante la ley que a los pobladores de Barillas, San Mateo y El Estor, se les ordena prisión sin medida sustitutiva en la zona dieciocho, para evitar que obstaculicen la investigación. A los banqueros del caso cooptación del Estado, se les envía a casa por razones de salud. Así de iguales somos, ante la ley, que en los inicios del tercer despojo –años setenta– se arrebató la tierra a los q’eqchi’, vía titulación supletoria. Los potenciales “propietarios” argumentaban –y los jueces certificaban sin salir de su despacho– que en aquellos parajes no vivía nadie. Obviamente eran lugares habitados y cultivados por aldeanos. A los más “necios” y que se negaron a abandonar su legítima posesión, los asesinó el Ejército bajo excusa de ser guerrilleros irredentos.

A qué viene todo esto: expresar nuestro apoyo a la Reforma Constitucional que se debate en el Congreso y rechazar, por insultante, la campaña de desinformación que empresarios organizados han desatado y que esperamos opere en favor de la reforma. No olvidemos: lo que es malo para CACIF, es bueno al pueblo. Así, frente al consenso mayoritario, les toca diputados: ¿se reivindicarán en esta coyuntura?