Lunes 24 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Crónica de un montaje judicial

— Jose Rubén Zamora
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Cuando Otto Pérez Molina asumió el gobierno en 2012, no había demanda alguna en mi contra. Pero tres años después, acumulé 189 demandas, la gran mayoría de carácter penal y provenientes, fundamentalmente, de los entonces funcionarios de Pérez.

Una de esas demandas sin sentido fue por “discriminación religiosa”.

El Ministerio Público (MP) pidió audiencia a la jueza para desistir de este extraño, misterioso, desconcertante e injustificado caso. Ella señaló la audiencia para el 22 de marzo de 2016, pero fue suspendida por mi incomparecencia, debido a que me encontraba forzado fuera del país.

El MP ha tratado de desestimar el caso, pero la jueza suplente, licenciada María Mercedes Rodríguez Aldana, no resuelve e insiste en que yo me presente a audiencia, según ella, para que conozca los cargos.

La jueza suplente señaló una segunda audiencia para el 19 de mayo de 2016, a la que tampoco pude comparecer pues seguía en el extranjero, por solicitud de las autoridades que investigaban a sicarios contratados para asesinarme. A pesar de la desestimación del MP, la jueza suplente volvió a señalar audiencia de conocimiento de cargos.

El 13 de octubre de 2016, la jueza suplente, licenciada Rodríguez Aldana, suspendió audiencia por mi incomparecencia y me apercibió: de no presentarme el 15 de febrero de 2017, seré conducido por la Policía. Presenté una reconsideración del apremio decretado, pero fue rechazada por la jueza suplente Rodríguez Aldana. Apelé la resolución.

Presenté actividad procesal defectuosa en contra de la audiencia celebrada, pero, entiendo, también fue rechazada por la jueza suplente. Esa resolución no me ha sido notificada.

 La jueza titular, licenciada Luz del Carmen Sierra Navarro, en apoyo de las decisiones de la jueza suplente Rodríguez Aldana, convocó la semana pasada para que comparezcan las partes a la audiencia a celebrarse el 15 de febrero de 2017 a las 10:30 de la mañana.

Debo agregar que en una audiencia en la cual el MP desistirá del caso, lo normal es que concurra y atienda un representante legal. Es inusual y poco habitual (o debo decir, sumamente extraño) que el juez o jueza exija la presencia de quien dejará de tener cargos por desistimiento de la fiscalía.

A este raro proceder de la jueza debo agregar dos elementos del entorno: uno, es el mensaje que recibí de un “mago” de la justicia haciéndome saber que, si se lo pido, él inmediatamente cierra este juicio “innecesario”. Eso sí, quedaría hipotecado a su estructura.

El otro dato, proveniente del medio periodístico, es que el abogado de la contraparte, en sus nada discretas fiestas opíparas, anticipa gozoso mi destino. Asegura que la jueza suplente Rodríguez Aldana rechazará el desistimiento del MP y me abrirá causa por faltas menores; me ligará a proceso penal por discriminación religiosa y, en la misma audiencia exprés, me sentenciará a dos años en el bote.

La jueza suplente debe inhibirse de conocer mi caso, por su evidente animadversión y mala fe. Por otro lado, debo agregar, que la conspiración es tan obvia como poco sofisticado el montaje judicial; sin embargo, es perverso y, probablemente, eficaz en el corto plazo. Esta estrategia siniestra del lado oscuro no detendrá mi lucha contra la impunidad.

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