Martes 25 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Enfoque: ¡Es cierto!, el poder corrompe

No importa si es de izquierda o derecha, el poder corrompe a los políticos y caen más fácilmente si hay marco de impunidad.

 

— Gonzalo Marroquín Godoy
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Conocí a Alejandro Toledo antes de que llegara a la Presidencia en Perú, y sin duda era un político con ideales, principios y valores muy claros. Parecía que su prioridad era la de servir. Hoy está perseguido por la justicia de su país por haber recibido un soborno de US$20 millones de la firma brasileña Odebrecht, que ha contribuido a enlodar a casi toda Latinoamérica.

Principio con este ejemplo, porque es el más reciente en las noticias, pero nuestro país está lleno de caso similares –incluso hay uno vinculado a la misma compañía constructora–, al extremo de que las cárceles VIP en los cuarteles tienen a un expresidente, una ex vicepresidenta, exfuncionarios del más alto nivel, diputados y jueces y magistrados, todos envueltos con la misma chamarra, o como dice el refrán coyotes de la misma loma.

¿Qué pasó con Toledo? Me pregunté cuando hace semanas se dieron las primeras informaciones. La respuesta fue casi inmediata: lo mismo que le pudo pasar a Portillo, Arzú, Pérez Molina y Cía.: el poder les corrompió.

Es entonces cuando me viene a la mente una frase muy famosa y publicitada por todo el mundo. El político y escritor inglés, conocido como Lord Acton, dijo ante la Cámara de los Comunes que el poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe  absolutamente.

La corrupción ha existido, existe y existirá en todo el mundo, pero es menor en aquellas democracias que se han desarrollado mejor, fortaleciendo la independencia de poderes y creando pesos y contrapesos, mismos que terminan siendo una limitación para el poder.

Latinoamérica apenas entró en una etapa regional democrática en los últimos 25 años del siglo pasado, pero la nueva era de gobernantes civiles, no ha sido aprovechada para construir instituciones fuertes, sino más bien, ha sido utilizada por la clase política, para buscar la concentración de poder y, por lo tanto, caer en la tentación de la corrupción.

Los gobernantes se sienten intocables. Esta clase política se hizo de tal poder, que ha terminado hundida en la podredumbre y corrupción. En algunos casos no se llegó ni al autoritarismo, simplemente que el poder y la justicia estaban a su servicio y, por lo tanto, crecía la impunidad. A mayor impunidad, mayor corrupción.

Lord Acton conocía y entendía perfectamente la mente y el corazón del ser humano. Por eso su expresión apunta a que el poder debe tener pesos y contrapesos. Ahora en Guatemala estamos sorprendidos porque de la nada surgió el contrapeso de la justicia. Se habla de un estado cooptado, y es totalmente cierto. Dentro de él, se han podido crear todas las estructuras han permitido el florecimiento del enriquecimiento ilícito.

Se ha hecho por medio de la corrupción de cuello blanco –privatizaciones, concesiones, negocios dirigidos, comisiones y demás–, pero también por la burda y descarada –plazas fantasmas, saqueo de fondos públicos, sobornos y contrabando–. A mayor poder o aniquilación de la justicia, mayores facilidades para la corrupción que tanto daño provoca al desarrollo socioeconómico de nuestros países.

Si alguien mandaba cien por ciento, como dijo en cierta ocasión un prepotente expresidente, ¿quién podía impedirle que malvendiera los bienes del Estado? . Si soy El Señor Presidente y me dan cheques para sobornarme ¿qué tiene de malo? La historia se ha repetido con variables de diferente naturaleza. Hasta se llegó al extremo de querer babosear a medio mundo con aquella agua mágica, que se sabía no limpiaría ni una pila, mucho menos el contaminado lago de Amatitlán.

Hay muchas personas en Guatemala que no gustan de la CICIG, pero si lo que deseamos es cambiar el rumbo del país, no cabe duda que deben existir contrapesos para que el poder de la clase política –la misma que ha puesto jueces y magistrados a su medida– deje de ser ilimitado. Ahora hay muchos en la cárcel y quiere decir que la justicia puede existir.

Pregúntese apreciado lector: ¿en dónde estaríamos en cinco años sin la intervención de la CICIG?

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