Miércoles 20 DE Marzo DE 2019
Opinión

Entre las ramas no se distingue el bosque

Una nación sin sueños no tiene futuro.

 

— Richard Aitkenhead Castillo
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Cada vez es más difícil distinguir el bosque entre tantas ramas. Las redes sociales con su frenética actividad, los medios de comunicación con su creciente alarmismo, las inagotables fuentes de información, de variada veracidad y proporción, los comentarios instántaneos por Whatsapp o Facebook, la inmensa cantidad de grupos de interés de todo tipo que impulsan sus agendas, el permanente cuestionamiento de figuras políticas y el frenesí de la vida diaria, ya casi no dejan tiempo y espacio a la reflexión profunda y calmada. Es el mundo express.

En ese contexto se discuten, con mayor amplitud pero menor profundidad, los temas de mayor trascendencia para el futuro de las nuevas generaciones. Los políticos ya no suelen inspirar con sus profundos y elocuentes discursos, sus iniciativas visionarias o sus explicaciones pausadas. Las armas actuales son la velocidad de respuesta, la simplicidad de propuestas, la descalificación de opositores, la exhacerbación de frustraciones o la manipulación de creencias religiosas. Se habla poco de construir nuevas utopías, de promover nuevas visiones, de impulsar reformas de fondo a los modelos base de las sociedades o de promover proyectos innovadores. El énfasis está en la destruccción, en la descalificación y en la búsqueda de salidas fáciles a problemas complejos.

Esta no es una reflexión cargada de pesimismo. Es una reflexión que busca, por un momento, salir del enramado de acontecimientos instántaneos para elevar la vista hacia el horizonte. Para tratar de dar perspectiva a la dinámica diaria. El servicio público es un tema que ilustra fácilmente la tendencia actual.

Hoy parece ser que no es posible el servicio público bien intencionado y de visión de largo plazo. Todo lo que escuchamos es que unos son corruptos, otros son ineptos y los más, una mezcla de ambos. El esfuerzo es encarcelar y enjuiciar a los gobiernos anteriores. Se amenaza a los presentes y se les descalifica a toda velocidad. No se promueve el debate serio sobre las reformas de las instituciones, sobre su actualización tecnológica, sobre sus objetivos estratégicos. Lo que hay son esfuerzos por desmantelar las estructuras actuales pero sin reemplazarlas por otras más transparentes y eficaces. Al final, lo que se propicia es el debilitamiento institucional y se aleja a las personas capaces y honestas, de la función pública. Se promueve en el imaginario social la correlación de función pública y corrupción.

No hay que equivocarse. Hay razones y abusos injustificables pero no existe desarrollo sostenible sin instituciones públicas. Democracia sin políticos. Justicia sin jueces y magistrados. Seguridad sin policías. No hay futuro sin políticos honestos, sin instituciones eficaces, sin un Congreso donde se promueva el debate político, sin una Corte respetada, sin una sociedad civil y un sector privado con visión amplia, sin medios que promuevan una cultura nacional positiva. Una nación sin sueños no tiene futuro. Limpiar la casa importa, pero es insuficiente.

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