Miércoles 21 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Una economía para el 99 por ciento

‘“La mayoría de súper ricos hace uso de su poder, influencia y contactos para secuestrar la elaboración de políticas”. (OXFAM)’.

 

— Edgar Balsells
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 El documento que lleva el título de la presente columna fue presentado por expertos en desarrollo social de OXFAM en el reciente Foro Económico Mundial de Davos (Suiza), y demuestra que ocho súper ricos poseen la misma riqueza que la mitad más pobre de la humanidad: 3 mil 600 millones.

Y como ello es parte de un desorden mundial, la lógica del modelito se reproduce y exacerba en América Latina y por supuesto en nuestro país. Es por ello que al oír a los corifeos de la desigualdad el decir que cualquiera que haga voz a la crítica, simplemente es un defensor de la pobreza y defenestrador de la riqueza, les recomendaría leer a Thomas Piketty que es el Best Seller del momento en estos asuntos.

Al frente de los grandes concentradores de la riqueza global están los jerarcas de facebook, amazon, y comerciantes como Amancio Ortega, el dueño de Zara, quienes han tomado ventaja de la apertura de mercados y de las ventas masivas en esta era digital de la aldea global.

El tema tiene muchas aristas, porque la concentración del poder económico interactúa con la concentración del poder político, y si no veamos esa alianza entre los partidos políticos hoy dominantes en el Congreso, y los distritales y alcaldes de la ANAM, preparando un vergonzoso proyecto de exoneración de impuestos a ganaderos y demás, y capturando más fondos del IVA-PAZ, para alimentar el poder distrital y las alianzas de cara a las elecciones próximas.

Las desigualdades se acrecientan con maniobras como la reducción de impuestos corporativos y personales, como es el sonado caso de los Panama Papers, siendo que ni del Organismo Ejecutivo, ni mucho menos el Ministerio de Finanzas Públicas ni el de Economía se viene con alguna iniciativa sensata para reforzar el impuesto sobre la renta y el de dividendos, que son una de las salidas lógicas hacia un esquema de mayor justicia económica. De ninguna manera se apunta a expropiar, ni acabar con la riqueza, sino a balancearla, mediante políticas fiscales, entre otras.

En cuanto al caso guatemalteco, la desigualdad viene siendo empujada, en la actualidad por una estructura aberrante de corrupción, que tiene como sus casos paradigmáticos a La Línea, los negociantes de la salud y la cooptación del Estado, en donde las élites económicas simplemente han comprado esta esperanzadora democracia electoral, tan mal representada por su clase política, enquistada en los tres poderes del Estado, siendo un claro síntoma de la entropía lo que hoy sucede adentro de la propia Corte Suprema de Justicia, y la inacción de los diputados en relación con demandas ingentes como la Reforma del Estado, electoral, Constitucional y emisión de leyes hacia la reducción de la pobreza.

Cualquiera que tenga la mínima lógica de convivencia social civilizada sabe que la creación de riqueza en la era digital, no solo es producto de un esfuerzo colectivo de millones de trabajadores y pequeños empresarios, sino el resultado de centurias de descubrimientos científicos. Ha sido gracias a genios como Galileo, Newton, Teslas, Einstein y el esfuerzo de millones de almas que la tecnología se forja, siendo la misma un producto social, en donde todos deben ser retribuidos en su justa dimensión.

El combate a la evasión y elusión fiscal, al capitalismo cortoplacista, a pesar de la nueva oleada incierta de la era Trump y el brexit, seguirán siendo en el mundo vital futuro parte de las preocupaciones más importantes de la humanidad, a pesar de la prepotencia y avaricia de las élites globales.

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