Viernes 16 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Miguel Ángel Asturias y su ciudad: la Nueva Guatemala de la Asunción

También conmemoraremos un siglo de aquella tragedia, por los días de Nochebuena y de Año Nuevo.

— Eduardo Antonio Velásquez Carrera
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No cabe duda que la Nueva Guatemala de la Asunción es el escenario de la novela El Señor Presidente del premio Nobel de Literatura 1967, Miguel Ángel Asturias Rosales. Sin embargo, no es ella la ciudad actual. Es la ciudad colonial que se derrumbó con los terremotos de diciembre de 1917 y enero de 1918. También conmemoraremos un siglo de aquella tragedia, por los días de Nochebuena y de Año Nuevo. Es la ciudad de “El Portal del Señor”. Ciudad que por cierto nosotros no conocimos. El objeto de este artículo es intentar acercarnos a ese conocimiento. No obstante, hay que señalar que en la obra de Miguel Ángel Asturias, el “Gran Moyas” por su mote estudiantil, nuestras ciudades, pero especialmente la Nueva Guatemala de la Asunción, tiene una presencia reiterada.

Es la ciudad de la traza en damero, cuya Plaza de Armas, estaba constituida al Norte por el propio “El Portal del Señor”, precisamente en el lugar en donde posteriormente, en los tiempos del general Jorge Ubico Castañeda, se construyó el Palacio Nacional, hoy conocido como el Palacio Nacional de la Cultura. Al Sur, estaba situado el otro Portal: “El Portal del Comercio”, el comercio de los turcos. Al Oeste, la Santa Iglesia Catedral, como se decía entonces. Al Este se encontraba, “El Palacio del Centenario”, que el pueblo bautizó como “El Palacio de Cartón”, que fuera construido precisamente cuando se celebró el Centenario de la Independencia Patria, el 15 de septiembre de 1921. Como se sabe, este “Palacio” fue consumido por las llamas y duró muy poco tiempo. Por ello y por derivación se le denominó al Parque que allí se creó, Parque Centenario. En otro de sus libros Viernes de Dolores, de nuevo aparece la ciudad colonial como escenario de fondo. Pareciera que el Gran Moyas no quiere que esa su ciudad desaparezca del mapa, como en realidad lo hizo, nos la quiere dejar retratada con todas sus bondades y debilidades en sus libros. Se quiere asir a ella, como un náufrago que ve desaparecer a la urbe de su niñez, su adolescencia y de su primera madurez, con el paso inexorable del tiempo. Esta vez, del conocimiento del Miguel Ángel, estudiante de medicina, primero y después estudiante de derecho en la Universidad de San Carlos. Miembro del Honorable Comité de Huelga de Dolores y meticuloso conocedor de los bares y de las cantinas de la pequeña urbe. En su novela van apareciendo los “antros” y “los lupanares”, bares y las cantinas “de por el Cementerio”, “El último Adiós”, “Los Angelitos”, la cantina “La flor de un día”, “Los siete mares”, “Los amores de Cupido”, “El Quitituy”, con todos los tuyes que se quiera. Aparecen, dichos negocios, con todas sus especialidades gastronómicas, licoreras y de recreación de los deudos y de los borrachos. Miguel Ángel, además, fue uno de los coautores del canto de guerra estudiantil “La Chalana”, cuya letra fue escrita junto a José Luis “Chocochique” Balcárcel, Epaminondas Quintana, Alfredo Valle Calvo y David “El Gato” Vela. El autor de la música fue José Castañeda Medinilla. Cada vez que regreso a las páginas de Asturias, me parece oír hablar a mis bisabuelos y abuelos, con sus dichos y formas de hablar que generan saudades y nostalgias. Este año que se conmemora el cincuentenario de la obtención del premio Nobel de Literatura, otorgado en diciembre de 1967, esperemos que las fiestas literarias, cinematográficas, académicas y musicales estén a la altura de las circunstancias y del homenajeado. ¡Enhorabuena!

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