Miércoles 14 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Despacio que tengo prisa

Lo que resulta raro es la actitud contemplativa de las multinacionales que no se pronuncian ante el derrumbe del tratado diseñado a su medida.

 

— Amílcar Álvarez
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Construir el muro en la frontera con México y revisar el Tratado de Libre Comercio TLC, equivocada o no es una decisión soberana de EE. UU., lo que causa indignación son las ofensas de Trump a los mexicanos y a nosotros que estamos en el mismo barco y debemos ser solidarios. Si algo caracteriza a los gobiernos de México es su dignidad y la preparación de sus funcionarios, disponiendo de un equipo multidisciplinario eficiente empezando por los titulares de la Cancillería. De esa cuenta, la negociación es un arte que manejan bien y les permitirá cuando sea oportuno, enfrentar la política de Trump en la dimensión que corresponde, encauzados en las normas establecidas negociando lo negociable, cediendo y exigiendo reciprocidad, dejando como última opción retirarse del TLC, México sabe las consecuencias políticas, económicas y sociales que implica un rompimiento definitivo por su dependencia de EE. UU., que lo obligará a buscar otros mercados y alianzas estratégicas. Lo que resulta raro es la actitud contemplativa de las multinacionales que no se pronuncian ante el derrumbe del tratado diseñado a su medida, ni con el fin del proyecto de globalización que ha sido su buque insignia basado en el homo economicus que les dio un poder invisible inmenso, sometiendo Estados y disolviéndolos. Sin supersticiones controlan la tercera parte de la producción mundial de bienes y servicios, dos terceras partes del comercio global y por si fuera poco una cuarta parte es intercambio entre sus empresas, imponiendo en varios países la política que conviene a sus intereses maximizando las utilidades. Son los reyes del mambo, los gobiernos no mandan. El cambio de política de Trump no es una cruzada personal improvisada, el respaldo del establishment es unánime con asesores de primera categoría que no están soplando y haciendo botellas ni ignoran que también los robots crean desempleo y no compran nada, drama que no resuelve el muro. Sin ser prisioneros de la imaginación hay preguntas válidas: ¿Es un aval? ¿Qué provocó el cambio de rumbo? ¿Es una regresión del capitalismo? ¿Persistirá la especulación entre otras bellezas del sistema, con instrumentos financieros derivados en la bolsa de valores? Lo cierto es que el mercado único global es una utopía que será fundida en bronce sin valor histórico.

El renacimiento del nacionalismo que no respeta la naturaleza encaja con lo manifestado por intelectuales de reconocido prestigio entre ellos –Edward O. Wilson–, de que estamos al borde de la extinción por la voracidad humana. Su teoría va desde la desaparición de los dinosaurios hace 65 millones de años a la actualidad, en que las especies desaparecen con rapidez logrando que la humanidad entre en la era de la soledad. La razón básica, invadir y explotar los espacios silvestres destruyendo el hábitat de millones de especies, insectos, plantas y animales con la pérdida irreversible de la biodiversidad, sin que se perturben los dirigentes como Trump que consideran la Tierra el escenario ideal para realizar sus ambiciones sin límite. Los conflictos se agravarán por el cambio climático, la escasez de los recursos no renovables desembocando en hambrunas y guerras comerciales de baja o gran intensidad con hostilidad, –el caso de México– y lo que viene con China, etcétera. Sin olvidar una serie de políticas a nivel mundial que van desde el control de la voluntad personal a las disputas de todo tipo y migraciones masivas, dirigidas a socavar la civilización occidental y tomar el poder utilizando la democracia como instrumento idóneo para ese propósito, provocando su colapso facilitado por el humanismo liberal. En el actual caos mundial, sigue siendo válido preguntar: ¿Quién es el enemigo de la libertad?, el Estado o los que lo debilitaron tratando de poner la sociedad al servicio del mercado y no el mercado al servicio de la sociedad, como debe ser.

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