Sábado 18 DE Noviembre DE 2017
Opinión

En torno al muro de Trump

La mejor estrategia de seguridad es la cooperación inteligente.

— MARIO FUENTES DESTARAC
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El pasado miércoles 25 de enero, el presidente de los EE. UU., Donald Trump, en el marco de una política nacionalista y proteccionista, ordenó continuar y reforzar la construcción del muro en la frontera entre los EE. UU. y México, que mide 3 mil 185 kilómetros. Trump estima que el muro deberá tener una longitud de 1,600 kilómetros y una altura de entre 10 y 12 metros. Asimismo, se calcula que la construcción de la referida barrera artificial costará, como mínimo, US$20 millardos. Trump pretende que México pague esta colosal obra, a través de gravar las importaciones provenientes de dicho país con un arancel del 20 por ciento.

El proyectado “Muro de Trump” pretende impedir el ingreso a territorio estadounidense de “inmigrantes ilegales” y el trasiego de drogas por vía terrestre. Desde 1994, se han construido vallas de acero y concreto a lo largo de 1,500 kilómetros fronterizos. Además, se ha dispuesto la vigilancia con cámaras infrarrojas, sensores, aviones, helicópteros, dirigibles, drones y demás. Se estima que, desde el 2007, 10 mil personas han muerto al intentar cruzar la frontera.

El “Muro de Trump” será el tercero más largo en el mundo. La Gran Muralla China se mantiene como el más largo; mide 21 mil 196 kilómetros y tuvo el propósito de impedir la invasión de mongoles y manchúes. En su construcción murieron 10 millones de trabajadores, que fueron enterrados en las inmediaciones de la obra (el mayor cementerio del mundo). El segundo muro defensivo más largo que se ha construido es el que erigió Marruecos en el desierto Sahara Occidental. Mide 2 mil 700 kilómetros (con una altura de entre 2 y 3 metros) y su finalidad es contener al Frente Polisario. La Muralla Romana de Adriano (117 kilómetros), construida entre Inglaterra y Escocia, es otra barrera defensiva famosa.

Cabe recordar que el “Muro de Berlín” (120 kilómetros) fue una barrera que se construyó en Berlín (Alemania) durante la “Guerra Fría”, que estuvo en operación del 13 de agosto de 1961 al 9 de noviembre de 1989, se convirtió en un monumento a la opresión, a la ignominia y al oprobio. Tanto es así que se le llamó el “Muro de la Vergüenza”. Se estima que, por lo menos, 270 personas murieron al intentar cruzarlo. La caída de esta barrera se registra en la Historia como una gran victoria sobre el odio, la intolerancia y la deshumanización.

Entre otros muros defensivos modernos se encuentran los erigidos entre Turquía y Siria, entre Arabia Saudita e Irak, en Ceuta y Melilla (España), entre Corea del Norte y Corea del Sur, entre Pakistán y la India, entre Kuwait e Irak, en Belfast, Irlanda del Norte, así como la barrera israelí de Cisjordania.

Los muros fronterizos forman parte de la estrategia geopolítica de repliegue de los estados nación para protegerse, además de las invasiones militares extranjeras, de las amenazas de movilizaciones en distintas regiones del mundo de masas poblacionales empobrecidas, abusadas o aterrorizadas que buscan afanosamente mejorar sus condiciones de vida o huir de la guerra o de la opresión. Sin embargo, la Historia dicta que, a la larga, estas posiciones defensivas, de enroque, no son sostenibles y terminan desbordadas.

En todo caso, sostengo que la mejor estrategia de seguridad para los países es aquella que se formula e implementa bajo una perspectiva regional y no exclusivamente nacional. En una estrategia regional juega un papel decisivo la cooperación inteligente, en función de lograr la certeza jurídica, la gobernanza, la armonía en la diferencia, la estabilización demográfica, la oportunidad, la prosperidad y el desarrollo humano en la región objetivo.

Ojalá que los US$20 mil millones, que costará el “Muro de Trump”, se invirtieran en apuntalar el desarrollo humano sostenible, el emprendimiento y la innovación tecnológica a nivel regional. En mi opinión, una inversión tal sería más productiva, regeneradora y estabilizadora, por mucho.