Miércoles 19 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Enfoque Trump abusivo y prepotente; nosotros, indolentes

Desde la Casa Blanca no salen mensajes de “buena voluntad” hacia los países vecinos.

 

— Gonzalo Marroquín Godoy
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No ha cumplido diez días en la presidencia de Estados Unidos, y ya Donald Trump le ha dejado claro al mundo el rumbo que seguirá. En el caso de Guatemala, veremos los efectos en el mediano y largo plazo, pero es seguro que buenas noticias no recibiremos desde la Casa Blanca por algún tiempo, sobre todo, lo relacionado a las políticas migratorias.

El presidente Jimmy Morales y la Cancillería, han insistido en que no hay que alarmarse, porque aún consideran que solamente serán deportados los migrantes ilegales que cometan crímenes en Estados Unidos. Nada más alejado de la realidad, porque Trump anunció antes de asumir, un plan de 10 medidas que van más allá de las deportaciones.

Entre estas, está la construcción del famoso muro –que abusivamente pretende que pague México con aranceles a sus exportaciones hacia EE. UU.–; el retiro de fondos federales a las ciudades que permitan o fomenten la contratación de migrantes –las llamadas ciudad santuario–; que los países a los que se envíen los deportados paguen el costo del retorno; y apagar el imán de empleo y beneficios, para reducir la inmigración.

Todo esto lo publicó Trump en una página que creó como presidente electo, lo que significa que el Gobierno y la Cancillería debieron tener muy claro lo que estaba por venir. ¡Y lo está cumpliendo al pie de la letra!

El magnate de negocios, convertido en el hombre más poderoso del mundo –o uno de los dos o tres al menos–, ha causado alboroto en todo el planeta desde que puso pie en la Casa Blanca. No ha sorprendido, sino más bien está confirmando lo que había anticipado que haría. Ahora tiene temblando o peleando a palestinos, países del transpacífico –se salió del Tratado comercial que se estaba negociando–, México ¡por supuesto!, Guatemala y Latinoamérica en general, pero también Europa, que ve con desconfianza sus anunciadas políticas proteccionistas en materia económica.

Posiblemente China y Rusia tengan expectativas más halagüeñas, puesto que cada espacio de influencia que Washington pierda, lo pueden llenar ellos.

Trump es abusivo, prepotente y poderoso. Finalmente llegará hasta donde lo permita el pueblo y las instituciones de su país.

A nosotros el tema migratorio es el que más debe preocuparnos. No solo por la seguridad y estabilidad de más de dos millones de connacionales que están allá sin papeles legales, sino también por consecuencias socioeconómicas que las políticas de Trump traerán consigo.

Aunque no se quiera reconocer así, la principal actividad económica del país se ha vuelto la migración. El año pasado ingresaron al país más de US$7 mil millones de divisas por concepto de remesas. Ni sumando las exportaciones de café, banano, azúcar, cardamomo y hasta las inversiones extranjeras que llegan en un año, se alcanza esta cifra.

Ese es el impacto económico, pero el social es igualmente importante, porque ese dinero sirve para aliviar los niveles de pobreza y pobreza extrema, mejora los índices de educación y salud, y –aunque con alto costo en la desintegración familiar–, ha cambiado el mapa social del país que, si bien sigue siendo grave, al menos ha mejorado por ese flujo de dinero.

Lo triste es que como país –Estado, sociedad, gobiernos, instituciones– hemos sido indolentes frente a este fenómeno que se ha producido e intensificado en las últimas dos décadas.

Ha sido más cómodo seguir recibiendo las remesas que llevar a cabo programas sociales y tener proyección de desarrollo para crear oportunidades. En vez de eso, la corrupción se ha llevado el dinero que podría haber transformado en algo al país y reducir la necesidad de tener que depender del famoso sueño americano.

Trump es abusivo y prepotente –lo demuestra a cada momento–, pero nosotros hemos sido indolentes. Hemos dejado que el agua de la injusticia social corra año tras año, gobierno tras gobierno. Ahora hay que despertar, y tener una doble acción: interna, buscar un cambio de rumbo socioeconómico, y de política exterior, de proteger y hacer valer los derechos de los migrantes y demandar del supuesto país amigo, un trato de respeto con dignidad.

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