Martes 25 DE Septiembre DE 2018
Opinión

En torno al discurso del presidente Trump

— Editorial
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El pasado viernes, el presidente de los EE. UU., Donald Trump, en su breve discurso de toma de posesión (que duró 16 minutos), expresó varias cuestiones fundamentales que deben ser motivo de reflexión, a saber:

“(…) La ceremonia de hoy, sin embargo, tiene un significado especial. Porque hoy no estamos haciendo una mera transición de poder de una administración a otra, o bien de un partido a otro. Estamos transfiriendo el poder desde Washington D.C. hacia vosotros, el pueblo de América (…) Este movimiento está basado en una convicción central: una nación existe para servir a sus ciudadanos (…)”. Esto supone que la intención del nuevo gobierno estado-unidense es ejercer la autoridad pública para servir y no para servirse.

“(…) Somos una nación, y su dolor es nuestro dolor. Sus sueños son nuestros sueños y su éxito será nuestro éxito. Compartimos un corazón, un hogar y un glorioso destino (…)”, con lo que el presidente Trump confirmó su convicción y vocación nacionalista.

“(…) Durante muchas décadas, hemos enriquecido a la industria extranjera a expensas de la industria americana. Hemos subsidiado los ejércitos de otros países mientras permitíamos la merma de nuestro cuerpo militar. Hemos defendido las fronteras de otros países mientras rechazábamos defender las nuestras. Hemos gastado trillones de dólares fuera mientras las infraestructuras americanas se han deteriorado y han entrado en decadencia. Hemos hecho ricos a otros países mientras la riqueza, la fuerza y la confianza de nuestro país han desaparecido en el horizonte. Una a una, las fábricas han cerrado y abandonado nuestras fronteras, sin pararse a pensar los millones de trabajadores americanos que dejaban atrás. La riqueza de nuestra clase media ha sido arrancada de nuestros hogares y redistribuida por todo el mundo (…)”, lo que supone que los recursos humanos y de capital estadounidenses se reconcentrarán en los EE. UU.

“(…) Desde este momento, los americanos irán primero. Cada decisión en materia comercial, fiscal, exterior y de inmigración será tomada en beneficio de los trabajadores y las familias americanas. Debemos proteger nuestras fronteras de los estragos que otros países están provocando en nuestros productos, robando a nuestras compañías y destruyendo nuestros trabajos. El proteccionismo nos llevará a la prosperidad (…)”, extremo que confirma que el nuevo gobierno estadounidense adoptará una política económica proteccionista.

“(…) Construiremos nuevas carreteras, autopistas, puentes, aeropuertos, túneles y carriles de tren a lo largo de nuestra grandiosa nación. Nuestra gente dejará de cobrar las prestaciones sociales y volverá a trabajar, reconstruyendo nuestro país con mano de obra americana. Vamos a seguir dos normas sencillas: comprar productos americanos y contratar americanos (…)”, lo cual anticipa una importante inversión pública en infraestructura física, así como una política de protección a la producción estadounidense.

“(…) Buscaremos la amistad con todos los países del mundo, pero lo haremos con el convencimiento de que todos los países tienen derecho a anteponer sus intereses. No queremos imponer nuestro estilo de vida a nadie, pero queremos mostrar lo bueno que es como ejemplo para los demás (…)”, lo que debe entenderse como el respeto a la soberanía de cada nación y la adopción de una política de no inmiscuirse en los asuntos internos de otros países.

“(…) Reforzaremos viejas alianzas y crearemos nuevas, y uniremos a todos los países civilizados en contra del radical terrorismo islámico, el cual erradicaremos completamente de la faz de la tierra (…)”, lo que se entiende como una declaración de guerra abierta contra el terrorismo islámico internacional.

¿Quién con una luz se pierde?

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