Miércoles 14 DE Noviembre DE 2018
Opinión

La estasiología y la transformación política

Un modelo explicativo para entender el proceso político 2015-2017.

— Phillip Chicola
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En su texto poco conocido, El Antiguo Régimen y la Revolución, Alexis de Tocqueville propuso un modelo explicativo para entender los procesos de transformación política y social. Dicho modelo permite analizar fenómenos tan diversos como Revoluciones, procesos de democratización o reforma política, por mencionar algunos casos.

De acuerdo con Tocqueville, todo proceso de transformación tiene una fase antecedente, en la cual el “Antiguo Régimen” se deslegitima lentamente, producto de su incapacidad de generar satisfactores entre la ciudadanía. Esa deslegitimación gradual trae consigo un aumento en el rechazo contra los actores en el ejercicio de poder. En ese contexto, un evento particular provoca el estallido de una crisis política, situación que desata el proceso transformador.

En la primera fase del proceso de transformación, se produce el primer esfuerzo por destruir al “Antiguo Régimen”: se genera un bloque homogéneo de oposición que promueve el recambio de los actores en el poder, se produce una depuración de elites y se impulsa una primera generación de reformas que pretenden atender la crisis inmediata del sistema.

No obstante, en una segunda fase, se produce una fractura en el movimiento transformador, asociada a las diferentes visiones sobre la velocidad y la profundidad de los cambios. Esa fractura favorece a los grupos reaccionarios que pretenden frenar o retrotraer el proceso. Derivado de esa división, se sobreviene una tercera fase en la cual se produce un enfrentamiento tripartito entre los actores transformadores más radicales, con actores moderados y los reaccionarios, en una disputa por controlar el proceso político. En ese contexto, se producen alianzas tácticas que alteran los balances de fuerza.

Del resultado de ese pulso, se llega al “Termidor”, fase en la cual la coalición ganadora toma el poder y actúa de acuerdo a sus intereses y visiones. Si son los radicales, se acelera el proceso de transformación y se profundizan las reformas. Si son los moderados, se producen cambios, pero con menor velocidad y gradualidad. En cambio, si los reaccionarios recapturan el poder, estos intentan reconstruir el statu quo y deshacer las transformaciones.

El caso guatemalteco y las transformaciones de los últimos dos años pueden analizarse desde este modelo. La fase de deslegitimación se vivió entre los años 2014-15, con el colapso gradual los servicios públicos, el aumento de la corrupción y la imperante cultura de impunidad. El evento que desencadenó el proceso transformador fue la develación del caso La Línea que evidenció la vinculación entre el poder político y la corrupción institucional.

Entre abril del 2015 y el 2016, se produjo el primer esfuerzo por destruir el “Antiguo Régimen”, vía la depuración judicial del Ejecutivo, de varios diputados al Congreso y las mismas Cortes, además de una primera generación de reformas como la Ley de Contrataciones, la SAT, la Ley Electoral y de Partidos Políticos y el Régimen Interior del Congreso. Sin embargo, hacia mediados del 2016 se vivió la fractura de la transformación, particularmente como consecuencia del debate sobre Reformas Constitucionales. De esa fractura, hoy vivimos la fase del pulso de poder. El resultado termidoriano dependerá entonces de las coaliciones que surjan en este pulso. Radicales, moderados y reaccionarios en disputa por el futuro del país.

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