Martes 20 DE Noviembre DE 2018
Opinión

“America First”

EE. UU. no se aislará y fortalecerá su liderazgo como potencia militar y económica por su visión estratégica del siglo XXI.

— Amílcar Álvarez
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La presidencia de Trump provoca alarma mundial por su nacionalismo y las restricciones al libre comercio, empezando por revisar el TLC con Canadá y México. Además construirá el muro en la frontera que pretende pagarlo con impuestos a las remesas de los migrantes, obligando a la industria a instalar fábricas en EE. UU. y crear empleo a cambio de incentivos fiscales, socavando la pretendida hegemonía política del libre mercado, pilar de la teoría fundamentalista neoliberal que para sus autores era la gran esperanza del mundo desde la ilustración, perdiéndose en el camino la tesis de la supremacía occidental envuelta en la fantasía del capitalismo democrático. El choque entre la globalización económica de ese credo político y el modelo de Trump, enfrenta la visión clásica del siglo XIX y XX con la realidad del XXI, ajeno a los mitos que solo crearon males sociales endémicos, fracasando el experimento de ingeniería social que buscaba liberar la vida económica del control social y político. Sin ser clarividentes, es posible un enfrentamiento comercial con China sin descartar el militar por los recursos estratégicos del mar meridional, potencia que también se alimenta con casi US$20 mil millones de remesas al año y es segundo acreedor de la deuda externa de EE. UU. después del Japón. Al agregar la política de Putin fortaleciendo a Rusia con otro tipo de nacionalismo reclamando su lugar y reconocimiento en el escenario internacional, el tiempo le puede dar la razón a Trump. El porvenir depara sorpresas de todo tipo por las disputas en diferentes regiones, sin ignorar el integrismo religioso que no puede considerarse una realidad virtual. La coincidencia de intereses de esas potencias casi se reduce al terrorismo islámico.

El destino quiso que el mercado global agonice en el centro neurálgico del capitalismo rancio, ironía que la realidad le reservó a los fanáticos neoliberales, eliminándolo de la agenda de la historia. La estructura básica se mantiene y el fundamentalismo de mercado sin que políticamente prevalezca, seguirá provocando inseguridad económica y conflictividad, debilitando la cohesión social y la coexistencia pacífica de un pensamiento y condición económica diferentes. Los países asiáticos asimilan esa realidad con facilidad, al percibir con sabiduría que el libre mercado es una utopía que pretende establecer su hegemonía universal basada en un modo de vida y pensamiento únicos sin satisfacer las necesidades humanas, contradiciendo la naturaleza de las civilizaciones sin entender que a las culturas diversas las une el respeto a su identidad. El proteccionismo de Trump no controlará la especulación, no afectará la movilidad del capital ni el desarrollo tecnológico en el que la inteligencia cognitiva es un salto cualitativo irreversible, con funciones y procesos mentales definidos: la comprensión y el aprendizaje, mejorando la productividad. EE. UU. no se aislará y fortalecerá su liderazgo como potencia militar y económica por su visión estratégica del siglo XXI, centrada en un nivel elevado de investigación científica y su aplicación –en fase experimental– que en el futuro nos hará dependientes de una voluntad artificial ajena a la derivada de la formación tradicional del pensamiento, alterando la ética como enunciado normativo.

A los dirigentes nacionales por leer a Batman se les nubla la mente sin percibir la nueva política del Tío Samuel como una oportunidad. Las remesas de los migrantes esconden la miseria y su incapacidad, no hay un programa de Gobierno, solo ocurrencias que impiden alcanzar un nivel de vida digno. Dedicados a bomberos no se molestan en evaluar ni resolver la problemática social, sin darse cuenta que es tiempo de renovarse, de modernizar el país y avanzar, recordando lo que dijo Jean Paul Sartre: lo único absoluto que existe es el pasado, porque no se puede cambiar.

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