Miércoles 19 DE Junio DE 2019
Opinión

Castigo maya

Humillar a quien cometió la falta, destrozarle moralmente.

Fecha de publicación: 19-01-17
Por: Méndez Vides

Una adolescente quiché es llevada por su madre ante la autoridad de la asamblea comunitaria para reclamar la aplicación del castigo maya para corregir su falta (generalmente robo). La comunidad se reúne en la plaza central del poblado, con los niños en primera fila, y luego de un largo discurso sobre el sentido del bien y del mal, se procede a pedir a la madre o abuela de la imputada que tome la rama de durazno o membrillo para aplicar el número de xicayes (azotes) dictaminados. La joven mujer es obligada a medio desvestirse frente a la comunidad, en contra de todo pudor ancestral. Se quita el suéter y la blusa, muestra la espalda desnuda y el sostén negro. La familia debe aplicar los azotes para impedir el linchamiento, hacerla llorar. El asunto es humillar a quien cometió la falta, destrozarla moralmente con la aplicación del castigo físico, hacerla sufrir para meter miedo al resto, para sentar un precedente e impedir que el acto se repita.

En casos de adulterio o violación se plantea sentencias múltiples, como el resarcimiento económico de la afectada, la aplicación de los infaltables azotes y el destierro. Hay casos de desfile público azotando al condenado por las calles para despedirlo en el límite del municipio.

¿Puede convivir dicho procedimiento dentro de un Estado contemporáneo?

La aplicación del castigo maya parece provenir de la costumbre impuesta por los conquistadores y colonizadores españoles cuando sometieron a los pueblos mayas siguiendo dicho ritual. El caso del control del levantamiento de Atanasio Tzul es un buen ejemplo, un Principal que se reveló en 1820 en Totonicapán, porque para detener el movimiento fue encadenado nueve días en la plaza y azotado en público. El hoy método ancestral está referido a la práctica de la dominación. Aún más cuando se utiliza el fuego de los linchamientos, porque Pedro de Alvarado aprendió con Hernán Cortés que la mejor manera de meter miedo a los conquistados era quemar en público a sus autoridades.

Los romanos también castigaron con azotes a Cristo, fue humillado en público, lo azotaron ante una comunidad que no lo defendió, y lo condujeron por la calle llevando una cruz hacia el Calvario, donde fue crucificado, para que la gente aprendiera y no se volviera a rebelar en contra del Imperio anunciando reyes propios. ¿Tenían razón los jueces? ¿Impidieron algo utilizando dichas fieras maneras? Pues se supone que no, pero en Guatemala sí se permite y el Ministerio Público no interviene, ni el Procurador de los Derechos Humanos, y hay videos con las caras de quienes cometieron tales delitos. Habría que saber cuántos de los humillados se quedaron en sus pueblos y se reformaron, o si hoy son parte de quienes andan perdidos en el espacio urbano despidiendo cólera y huyendo de las autoridades.