Jueves 21 DE Noviembre DE 2019
Opinión

¡Se están saliendo con la suya!

“They are getting away with murder”, (comentario de Donald Trump en contra de Big Pharma, en su última conferencia de prensa).

Fecha de publicación: 18-01-17
Por: Edgar Balsells

Las declaraciones del presidente electo de los Estados Unidos, sí que pegaron negativamente en los mercados bursátiles, especialmente en el ramo de la biotecnología: las acciones de Pfizer, Johnson & Johnson, Merck, Bristol-Myers, Eli Lilly y otras cayeron, y los análisis fluyen.

Lo cierto es que el norteamericano medio está furioso con Big Pharma, porque saben muy bien que compran a los precios más altos del mundo desarrollado. Y como allí la prensa sí que analiza los hechos, nada menos que el The Wall Street Journal reveló cómo los ejecutivos de la Pfizer determinaron creativamente sus costos cuando lanzaron al mercado la última droga para el tratamiento del cáncer de pecho, con nombre Ibrance, que seguramente pronto comenzará a recetarse en Guatemala.

Los de Pfizer vieron a sus rivales, y se sacaron de la manga un costo inflado cercano a los US$9 mil 850 por mes, que es el que han venido soportando las aseguradoras con esta dolencia. Y es que las droguerías simplemente se montan sobre los precios de la vieja droga, asevera un interesante análisis de Jonathan Rockoff publicado el pasado 9 de diciembre, y que provocó una oleada de protestas que llegaron a oídos de Trump.

El futuro mandamás simplemente le dijo a los propietarios de los fondos de inversión: “vamos a proceder a redefinir nuestras licitaciones y a imponer regulaciones sobre ustedes porque se les está pasando la mano”. Y los analistas recuerdan hoy al gran público la andanada de investigaciones del Departamento de Justicia y de los tribunales de competencia en torno a posibles acciones de colusión de una buena cantidad de productores de genéricos que andan pasando el Niágara en bicicleta.

Como bien se sabe, en el mundo desarrollado las autoridades de la salud pública buscan estratégicamente un modelo de seguridad social universal, y los gobiernos se sientan con las grandes droguerías y se negocian los denominados precios de referencia, teniendo en cuenta las economías de escala o los grandes volúmenes de compra pública, porque la salud no puede quedar, de ninguna manera, a merced del gasto de bolsillo; es decir el gasto de los hogares sin acudir a seguros.

Eso es así sencillamente así porque allí les importa la gente, y saben muy bien los políticos que la democracia electoral es determinada en buena medida por una ciudadanía atenta a las redes y educada que exige sus derechos.

Aquí, la situación es completamente otra pues no existe un rectorado en materia de salud pública: el seguro social y el Ministerio de Salud Pública andan cada quien por su lado, y ni siquiera existe un listado único de medicamentos, mucho menos protocolos de atención unificados. Ello nos deja a merced de múltiples intereses farmacológicos.

El apoyo e interés del Congreso de la República en estos temas brilla por su ausencia, lo cual se manifiesta en la escasa legislación y normativa que tenga como primera prioridad la política social y la previsión, buscando el bienestar de la gente. No hay un solo bloque político del Congreso que haya promovido iniciativas integrales al respecto.

Nos interesa lo que pasa en el norte porque nuestro país fue perdiendo poco a poco su matriz productiva en biotecnología, a pesar de ser riquísimo en biodiversidad y en plantas medicinales. Entonces los grandes coyotes y bodegueros importadores se han adueñado de la oferta, controlando a su antojo las licitaciones de medicamentos, sin que exista normativa específica ni mucho menos una política social de acento garantista, que se perdió en el marasmo conservador reinante.