Martes 25 DE Junio DE 2019
Opinión

Poderes que ya no pueden

Los tres poderes del Estado se encuentran en intensivo en cuanto a crisis se refiere.

Fecha de publicación: 17-01-17
Por: Manfredo Marroquín

El nuevo episodio ocurrido en el Poder Judicial destapado por la revelación de una grabación que incrimina a la magistrada Blanca Stalling, tratando de influir en un juez de menor jerarquía que conoce el caso IGSS-Pisa donde está inculpado el hijo de la magistrada, vuelve a ponernos de manifiesto la enfermedad terminal que invade al Estado guatemalteco y que al no ser atendida como amerita, tiende a provocar crisis permanentes que pasan de un poder del Estado a otro convirtiendo el aparato público en un escaparate de escándalos y degradación siendo obvio que los poderes de Estado tal como han sido regenteados por la clase política dominante en decadencia, ya no pueden dar respuestas a los problemas y desafíos nacionales.

Los tres poderes del Estado se encuentran en intensivo en cuanto a crisis se refiere y lo que fue originalmente el derrumbe y descrédito de un gobierno, pasó a replicar en el Organismo Legislativo con el destape de las plazas fantasmas y ahora más recientemente recae en el Poder Judicial que ya vio dar de baja a un tercio de los magistrados que integran la Corte Suprema involucrados en delitos de corrupción.

Ante la falta de liderazgo político capaz de plantear propuestas de solución, las crisis se reciclan de poder en poder alternando con los escándalos que de vez en vez protagonizan los gobiernos municipales y las entidades autónomas. No soy partidario en creer que puede haber una solución para todo, como algunos sugieren que podría ser una reforma constitucional, pero lo cierto es que ante la ausencia de reformas parciales que tengan resultados de mejora en alguna área del sector público, la apuesta por reformas graduales y progresivas tiende a perder fuerza en favor de soluciones milagrosas que frecuentemente resultan en un fiasco.

En el Poder Judicial, por ejemplo, todos hemos sido testigos del proceso de captura que fue objeto mediante las famosas Comisiones de Postulación donde resultan electos, no los mejores ni mucho menos los profesionales del derecho que garanticen independencia en su actuar, sino todo lo contrario, son premiados los apalabrados para servir al grupo que los lleva a las altas magistraturas. La justicia paso a ser un mercado de pujas donde el mejor postor tiene asegurada la impunidad, mientras el resto que no paga peaje debe soportar maratónicos procesos que destruyen vidas y familias.

Si ni siquiera una propuesta supuestamente respaldada por los tres poderes del Estado como lo es la Reforma Constitucional al Sector Justicia tiene asegurado el camino para ser aprobada, cuál suerte puede esperar a tantas demandas ciudadanas acumuladas que son ignoradas por los actuales responsables de tomar decisiones que prefieren “pasar el agua” conformándose con ocupar las posiciones formales sin entrar a conocer los problemas reales.

La peor manifestación de impotencia política es cuando los mismos representantes llamados a cumplir las funciones para las que han sido electos o designados, renuncian al debate y la toma de decisiones, dejando a la sociedad a la deriva, dando lugar a que surjan manifestaciones de hecho como ocurre con tantos ejemplos que se dan a diario como los linchamientos y la toma de carreteras, entre otros.

A un año de haber estrenado Gobierno, Poder Legislativo y magistrados, los resultados son tan pobres que el estigma de la vieja política, es decir la que ya no resuelve, se ha apoderado del sentir popular aumentando la presión sobre un esquema de poder que ya no puede ni montar un espectáculo de pan y circo.