Viernes 26 DE Abril DE 2019
Opinión

La construcción del Estado

No podremos construir un sistema democrático sin un Estado fuerte.

 

— Richard Aitkenhead Castillo

Guatemala, de acuerdo con los principales proponentes de los diversos sectores nacionales, así como de la influyente comunidad internacional, se encuentra inmersa en un esfuerzo de fortalecimiento del Estado y de reestructuración institucional. Lo afirman los que apoyan desde la óptica de la persecusión de la corrupción y la impunidad, así como los que se defienden del ataque y promueven una mayor soberanía interna en el esfuerzo de fortalecimiento del Estado. Se acusan entre sí, de ser los causantes de debilitar las instituciones y poner en riesgo el sistema democrático.

Este no es tema nuevo. Un libro que lo aborda con seriedad, La construcción del Estado, del autor Francis Fukuyama, publicado en 2004, expresa lo siguiente: “Se puede afirmar, sin temor a equivocarse, que la política del siglo XX estuvo determinada por las controversias acerca del tamaño y la fuerza del Estado”. Continúa explicando el debate sobre el tema y esclarece que el Estado puede definirse entre la fuerza de las instituciones estatales, en el eje vertical, y el alcance de las instituciones estatales, en el eje horizontal. Esto define el tipo de Estado en cada uno de los países. Los peores son los paìses que pretenden grandes alcances sin fuerza alguna. Receta segura de desastre.

Estados débiles y legitimidad internacional. Con este nombre, el autor desarrolla un capítulo que explica que además del problema que genera una gobernanza débil e instituciones ausentes o inadecuadas, este se está convirtiendo en una preocupación internacional. El autor explica que los estados fracasados se han convertido en el problema más grave para el orden internacional. Ilustra, también, que los Estados débiles incrementan las probabilidades de que alguien del sistema internacional intente, contra la voluntad de estos, intervenir en sus asuntos y solucionar el problema por la fuerza. Finalmente, explica que “la comunidad internacional no se encuentra únicamente limitada en la cantidad de capacidad que es capaz de construir, sino que, además, es cómplice de la destrucción de la capacidad institucional en muchos países en desarrollo”.

Las fuerzas locales, que pretenden defender el statu quo, explican que hemos avanzado y que es posible avanzar sin la intromisión internacional. Una postura de defensa de la soberanía que carece de los ejemplos que validen su postura. Guatemala, un país que se resiste al cambio y que no olvida a sus fantasmas del ayer, necesita, sin lugar a dudas, de presión para avanzar en sus reformas.

Antes de finalizar, el autor se refiere a Estados pequeños pero fuertes. Explica que “lo único que los Estados, y solo los Estados, son capaces de hacer es acumular poder legítimo y desplegarlo con determinación. Este poder resulta necesario para aplicar el Estado de Derecho en el ámbito nacional”. El mensaje es claro: no podremos construir un sistema democrático sin un Estado fuerte, no en sus alcances sino en su fuerza para poder implementar políticas y leyes. Este es el desafío.

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