Sábado 14 Enero 2017
Opinión

Toda Centroamérica es México

Sería fatal para México y Centroamérica no tomar muy en serio las promesas y amenazas del próximo presidente de los Estados Unidos.

— Roberto Blum

El próximo 20 de enero el mundo cambiará de manera radical. Donald J. Trump jurará “cumplir fielmente con el cargo de Presidente de los Estados Unidos y preservar, proteger y defender la Constitución…”, en un acto que se ha sucedido ininterrumpidamente a partir de 1789. Sin embargo, el personaje que esta vez comenzará a presidir el país más poderoso del mundo es verdaderamente excepcional.

El sistema institucional estadounidense es extraordinariamente robusto. Su Constitución Política se ha mantenido a lo largo de 228 años con tan solo 17 modificaciones posteriores –las primeras diez enmiendas se consideran parte integral de la visión de los constituyentes originales– lo que la hace prácticamente única.

En nuestra América no hay ningún Estado que haya logrado mantener su carta constitucional original vigente. Constituciones van y constituciones vienen, en un incesante fluir, de la mano de caudillos, presidentes o dictadores, sean de izquierda o de derecha.

En vez del lema de la república del Norte, “E Pluribus Unum” –De muchos, uno– nuestro destino parecería ser “de uno, muchos”. Así podemos observar cómo, en el siglo XIX, la Nueva España se desintegró, originando seis débiles Estados, pequeños –muy pequeños–, los centroamericanos, que han sido fáciles víctimas de los poderosos Estados Unidos de Norteamérica.

El nuevo presidente estadounidense le ha declarado la guerra a México e implícitamente a todos los Estados y habitantes de Centroamérica. El muro que el gobierno de Trump construirá en la frontera sur de su nación no solo afectará a los millones de mexicanos que intentan participar del “sueño americano”, sino aún más a los millones de centroamericanos que, debido a la mayor pobreza e inseguridad de sus países nativos, sueñan con vivir y trabajar en la rica, estable y relativamente segura Norteamérica.

Cómo se pagará la construcción del muro fronterizo tampoco afecta solo a los mexicanos. Los aranceles y los impuestos a las importaciones y a las remesas son quizás la forma más sencilla de hacer pagar a México –y todo Centroamérica es México– el costo del muro que Trump piensa erigir.

El nuevo presidente estadounidense le ha prometido a sus electores muchas cosas, demasiadas, que quizá sean imposibles de cumplir. Unas, porque no tendrá el pleno respaldo del Congreso Federal, mayoritariamente de su mismo partido político; otras, porque sean inconsistentes y contradictorias con otras de sus propias promesas, quizás por falta de recursos o de tiempo; pero de ninguna manera se debe creer que son puras baladronadas. Sería fatal para México y Centroamérica no tomar muy en serio las promesas y amenazas del próximo presidente de los Estados Unidos.

De hecho, se siente acá un espíritu festivo, quizás el sentimiento alemán llamado Schadenfreude, entre muchos centroamericanos, al pensar que ahora los mexicanos sí pagarán en carne propia lo que México les ha hecho a sus hermanos de Centroamérica. Sin solidaridad entre nosotros, todos seremos víctimas del gran “bully” en la presidencia americana.