Domingo 23 DE Septiembre DE 2018
Opinión

La nena regresa etílica

En Guatemala están abiertos todos los caminos para iniciar a los más jóvenes en el alcoholismo y el consumo de drogas fuertes.

— Silvia Tejeda
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Este no es un artículo para denunciar, ni criticar la actitud que asumen muchos padres de familia ante el persistente asomo de ver a una hija que está convirtiéndose en alcohólica. Que ven a ese Tesoro anulando cualquier proyecto del futuro de su vida. Sencillamente muchos escogen el mutismo de hacerse los papos, porque no saben cómo actuar. Es para llamar la atención de esos padres que sufren el problema y prefieren callar, porque no saben cómo darle una ayuda positiva.

Hablar del extendido alcoholismo femenino, especialmente, dentro del ámbito de las jovencitas es un tema tabú en algunos grupos de la sociedad. Hogares dentro de los que se crece bajo el mandato de que: “Arda la casa, pero que no salga el humo”. Consolándose frecuentemente porque “la nena se tomó unos traguitos, y que eso, a cualquiera le pasa”. Medios, donde los padres cierran los ojos o fingen no darse cuenta cuando su hijita regresa a casa a las dos de la mañana trastabillando de ebria o unos compañeros apenados la llevan en “zopilotillo” porque no es capaz de sostenerse en pie. Hay quienes experimentan los extremos cuando otros padres llaman de madrugada, para decirles que su hijita está hospitalizada porque se encuentra sufriendo un grave estado de coma por su excesiva ingesta de alcohol. De lo que pasa en muchas familias por los frecuentes casos de alcoholismo en niñas y adolescentes no se quiere hablar.

El tema de este artículo surgió por una conversación que tuve en la noche de Año Nuevo, con un grupo de jóvenes –hombres–, que se encuentran muy preocupados porque algunas de sus amigas “jalan más que ellos”, hasta llegar a perder el control de sí mismas. Verlas así, les causa muchísima tristeza, ya que no solo se embriagan, sino que se convierten en fáciles presas para que cualquiera se las lleve al carro y abuse de ellas.

Comentaron que, no se explican cómo en algunos hogares, a este tema no le ponen atención, y que ellas después de la experiencia lamentable, les cuentan que les gritaron, las insultaron, las amenazaron y las castigaron, pero que sus padres nada hacen por acercárseles y dedicarles más tiempo, ni se preocupan por abrir un amoroso canal de comunicación para saber qué es lo que las impulsa a desprenderse de cualquier pensamiento para mantenerse sobrias.

Los jóvenes me solicitaron escribir este comentario para pedirles a todos los padres de estas jovencitas –y de ellos mismos también– que, se unan para exigir a las autoridades que no se permita más el consumo de alcohol a menores de edad. Existe la prohibición legal, pero ningún vendedor la cumple. Y no publican que la cerveza es “agua bendita”, porque no lo han considerado oportuno, aunque la cerveza sea una bebida alcohólica como cualquier otra, y se maneja como una venta a cualquiera como si se tratara del pan.

Dentro de las discotecas existen los jaladores que les están ofreciendo cualquier clase de trago, sin siquiera pedirles su DPI. Menos en los expendios de licor, ni en fiestas de hoteles o donde se hacen celebraciones particulares, ahí el alcohol corre hasta para los niños. En Guatemala están abiertos todos los caminos para iniciar a los más jóvenes en el alcoholismo y el consumo de drogas fuertes.

Sugieren a los padres de familia, tan afectados en sus propias vidas, que en lugar de quedarse enfiestados, o quedarse durmiendo formen brigadas que visiten los centros de expendio de licores y exijan el cumplimiento de las leyes a las autoridades y a los vendedores. Les solicitan que se enteren más de cuáles son los pasos de sus hijitas cuando se van a fiestas y, les piden que, por favor, revisen la ropa que sus hijas usan para esas ocasiones, porque ellos las ven como las próximas madres de sus hijos, y no como las imitadoras de las cantantes más desgarbadas. Aunque Al-anon, Ala-Teen y Alcohólicos Anónimos siempre estarán para acogerlas.

Es muy triste este problema por el que las autoridades encargadas de velar por el respeto a las leyes y la moral, no se den por enteradas. Entonces, los padres afectados: ¡Más acción y menos regaños!

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