jueves 12 enero 2017
Opinión

Nuevos partidos políticos

Quienes tienen intereses resultan apoyando a quien los representa.

 

— Méndez Vides

La Democracia nos nubla la conciencia al idealizar la posibilidad de que somos los ciudadanos quienes elegimos en la urna a nuestro guía, líder, gobernante. La práctica es posible en grupos pequeños, donde ante una dificultad pronto surge alguien que toma el control de la situación y los demás lo siguen (aunque aún en esos casos aparece alguien que también quiere mandar y refunfuña como oposición durante la crisis o ejercicio, convirtiéndose en una molestia o en ayuda porque propone opciones diferentes que el líder considera), pero no funciona en grupos grandes, donde surge la dificultad del desconocimiento de las figuras probables, lo que dispone a caer en manos de la comunicación, de la publicidad que convence, como cuando se trata de elegir entre uno u otro shampoo. Es decir, puede ganar quien más recursos invierte efectivamente, lo que nos conduce al pasado y a la corrupción, porque quienes tienen intereses resultan apoyando a quienes los representan. Nivelando los recursos para que todos tengan la misma exposición tampoco ayuda, porque en lugar de mostrar líderes competirían los publicistas, y quien mejor lo hiciera, en menos tiempo y pauta, podría ganar. Lo que nuevamente nos pone a expensas de las empresas creativas más caras y poderosas.

La carrera presidencial se está convirtiendo en una prueba de cómo darse a conocer los individuos en poco tiempo, ante mucha gente, caer bien y convencer un extraño de que puede ejecutar un cargo en el cual nunca ha estado antes y no tiene experiencia. Elegimos siempre a presidentes sin experiencia, y cuando ya están aprendiendo el oficio los despedimos, y volvemos a caer en las manos de otro inexperto.

Será por eso que la gente no decide al momento de elegir, sino haciendo en la urna un tin marín, o porque les parece el menos peor, o en el balotaje final practican el voto negativo, porque optan por votar por cualquiera con tal de impedir que le toque al antipático.

Todo cambiaría si existieran los partidos políticos como instituciones serias, que respondieran a un postulado de pensamiento, y existieran en todo el país y se hicieran conocidos por la selección de sus candidatos por afinidad política, donde no podría darse el transfuguismo porque a quien es de una idea no le quedaría asumir otra por lógica simple. Y el secreto está en el ejercicio de la alcaldía, en donde en cada municipio sí puede elegirse más fácilmente por ser los individuos muy conocidos, y por el partido que es emblema de su plan de trabajo. Los partidos fuertes pueden accionar, apoyar a un mandatario, mantener viva la maquinaria. Y tras la experiencia en el ejercicio municipal, si exitosos, ya pueden saltar dentro del partido a puestos nacionales, como diputados o ministros, y así irían aprendiendo el quehacer político y por sus méritos subirían en la escala y podrían aspirar a tener la representación liderazgo nacional.