jueves 12 enero 2017
Opinión

Más linchamientos impunes

— Editorial

El lunes pasado, en San Pablo, departamento de San Marcos, a raíz de un ataque a un autobús, en el que murieron dos personas a balazos, el conductor y una fémina, fueron linchados los dos presuntos atacantes, quienes tenían 16 y 18 años de edad.

Como siempre, los “linchadores” torturaron cruelmente a los presuntos delincuentes y les dieron una muerte lenta, infamante y dolorosa, haciendo gala de sadismo y profundo desprecio por el ser humano.

En todo caso, el linchamiento trata de constituir una justicia popular directa, ejecutiva y ejecutora al máximo, que tiene sus orígenes en los EE. UU., en las postrimerías del siglo XVIII, con dos causas principales: la odiosidad contra los negros, principales víctimas de las ejecuciones irregulares, y la soledad de las colonias que iban estableciéndose conforme el hombre blanco extendía su influjo hacia el Lejano Oeste.

El Código Penal sanciona los linchamientos bajo la denominación de “delito de muchedumbre”, el que tiene las siguientes notas tipificantes: Si la reunión tuvo por objeto cometer determinados delitos, responderán como autores todos los que hayan participado materialmente en su ejecución, así como los que sin haber tenido participación material, asumieron el carácter de directores.

Asimismo, el Código Penal dispone que comete el delito de asesinato quien matare a una persona con alevosía, premeditación o perversidad brutal, y que el responsable será sancionado con prisión de 25 a 50 años o con pena de muerte cuando el imputado acusare peligrosidad social.

No obstante, la gran mayoría de linchamientos en Guatemala permanecen impunes, lo que ha provocado que los mismos se sucedan uno tras otro, con toda su cauda de violencia, terror y psicosis, que impacta no solo entre la población guatemalteca, sino que también entre los turistas e inversionistas extranjeros que apuntalan la economía nacional.

Los informes sobre los casos de linchamientos reflejan que los mismos no necesariamente son consecuencia de la falta de acceso a la justicia, de ausencia de autoridad o de que la justicia no sea pronta y cumplida, sino que obedecen a otras causas, tales como instigación a la violencia por parte de provocadores, hostigamiento religioso, impulsos sadomasoquistas prevalecientes en poblaciones desgarradas por la opresión y la violencia, bajos niveles de desarrollo humano, etcétera.

En nuestra opinión, aunque algunos lo justifican con vehemencia, el linchamiento es otra manifestación de la escalada de conflictividad, violencia y anarquía que estamos viviendo, así como otro síntoma de descomposición de la sociedad guatemalteca.

Por consiguiente, aunque nuevamente suene un clamor en el desierto, exigimos a la Policía Nacional Civil, al Ministerio Público y al Procurador de los Derechos Humanos que promuevan el esclarecimiento tanto del ataque criminal al autobús relacionado como de los indicados linchamientos, y que todo el peso de la ley caiga sobre los responsables.