Miércoles 11 Enero 2017
Opinión

¿Malas noticias?

Preocupa la indeseable posibilidad de que las decisiones económicas futuras se tomen con base a presiones de índole político y no fundadas en la racionalidad económica y social.

— Lizardo A. Sosa L.

Las advertencias y presiones políticas del presidente Trump sobre lo migratorio y económico en la campaña electoral podrían entenderse como estrategia para ganar votos; sin embargo, ya en condición de Presidente Electo, sus declaraciones han generado efectos negativos tanto en México y en la comunidad de migrantes latinoamericanos, como en la economía internacional, especialmente las formuladas a grandes inversionistas para evitar o exigir, se abstengan de invertir en territorios no estadounidenses; tal el caso de dos de las más importantes industrias automovilísticas.

En el ámbito de la economía local, regional y mundial, los efectos han comenzado a ejercerse poco antes del cambio de mando. Según los medios informativos, las corporaciones afectadas habrían considerado suspender o dejar sin efecto los planes de inversión previstos para realizarse en territorio mexicano y en otros territorios no estadounidenses, convirtiendo aquellas declaraciones electorales en una cruda realidad que amenaza los rendimientos económicos nacionales y mundiales en el largo y mediano plazo. Quizás la motivación más importante de estas reiteradas expresiones, sea que el ahora presidente electo continúe la inercia de campaña, o porque sus discursos y expresiones fueron asumidas por millones de estadounidenses que las tuvieron en mente al momento de emitir su voto, interesados en mantener o recuperar puestos de trabajo supuestamente perdidos en virtud de una economía internacional competitiva y que, obviamente, en ese momento, no consideraron el aumento registrado en el comercio internacional gracias a la apertura económica competitiva y sus consiguientes efectos positivos en los niveles de empleo y de eficiencia económica, no solo en los Estados Unidos, sino también a nivel global.

Lo preocupante en la formulación de estas advertencias estriba en la pérdida de autonomía de lo económico respecto de lo social y político y consecuentemente, del importante papel que juega el mercado cuando las decisiones se toman libremente por los agentes económicos y los recursos se asignan competitivamente en función de las condiciones reales de los mercados; y sobre todo, preocupa la indeseable posibilidad de que las decisiones económicas futuras se tomen con base a presiones de índole político y no fundadas en la racionalidad económica y social. Hay que recordar al respecto lo que se expresa en diversos textos, entre ellos emanados de la Doctrina Social de la Iglesia y que expresan que ‘“El libre mercado es una institución socialmente importante por su capacidad de garantizar resultados eficientes en la producción de bienes y servicios… que históricamente, ha dado prueba de saber iniciar y sostener, a largo plazo, el desarrollo económico; y que existen buenas razones para retener que, en muchas circunstancias, el libre mercado sea el instrumento más eficaz para colocar los recursos y responder eficazmente a las necesidades”’. (Párrafo 347 Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia.)

Las malas noticias para la economía global consisten pues, en la ojalá lejana posibilidad de que las advertencias y presiones de índole político se concreten, entusiasmen a sus promotores con base en dudosos resultados de corto plazo, tiendan a generalizarse crecientemente y generen una pérdida de la autonomía de lo económico y, en consecuencia, retrotraigan a la economía local y global a la ineficiencia y baja productividad alcanzados por economías regidas por decisiones emanadas del ámbito político y destruyan lo ganado por decisiones económicas tomadas en el marco general de una economía más libre y más competitiva.