Domingo 23 DE Septiembre DE 2018
Opinión

La dignidad de la mujer

Aun cuando las mujeres representan más de la mitad de los hombres, sus posibilidades de participación son infinitamente menores a las de los hombres.

— José Barnoya
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Fue en el hogar en donde aprendí a ser feminista y fue mi padre el primero que me enseñó a respetar a la mujer. Aparecieron después varias mujeres (abuelas, madre, hermanas, maestras, esposa, hijas) que me enseñaron de lo que es capaz la mujer, colocándola en el mismo plano de igualdad y oportunidades en donde demuestra que, con sus seis sentidos es con mucho, superior al hombre. Siempre he creído que si bien la mujer tiene dos cromosomas X, el hombre tiene un cromosoma X y un cromosoma Y al que le falta una extremidad para ser un cromosoma X completo.

Luz Valle, fue la primera feminista a la que conocí en casa de mi abuela. Fue ella la que nos enseñó a declamar cuando éramos patojos versos de su cosecha, al mismo tiempo que nos hacía representar astracanadas en un teatrito improvisado que, como la Barraca de García Lorca, llevaba su repertorio juvenil por las casas amigas del barrio de La Merced. Era la misma Luz Valle que fundó en tiempos del dictador Ubico, la Orden del Garrobo

–símbolo del silencio impuesto por el sátrapa– y que identificaba a sus miembros por un garrobito de boca zurcida con sibaque que, ostentaban sus miembros en solapas y blusas.

Infortunadamente, Luz Valle no pudo ver ni aplaudir, ni mucho menos solidarizarse con las que le siguieron en la lucha por abrir un espacio para la mujer, en medio de un ambiente machista, oprimidas por los diferentes machos que a lo largo de nuestra triste historia han ocupado empleos, gerencias, curules, ministerios y elevadas dirigencias.

Agonizaba el 2008, cuando en defensa de su género brotó un grupo recio de mujeres valientes que escriben bien, hacen política sana y luchan a brazo partido por sus derechos. Dicen Ellas: “la democracia implica un gobierno electo por el pueblo en donde todos sus ciudadanos y ciudadanas tienen derecho a participar. A partir de ello, se entiende que tanto hombres como mujeres deben de trabajar en igualdad de condiciones”.

Se decía anteriormente que la mujer estaba confinada exclusivamente al ámbito privado siendo su única responsabilidad el cuidado del hogar y de los hijos. Eran en ese entonces poquísimas las mujeres que se escapaban de ese ámbito y participaban en otras actividades: Dolores Bedoya en política, Luz Valle en poesía,  Rosa Castañeda de Mora en lo social.

Aun cuando las mujeres representan más de la mitad de los hombres, sus posibilidades de participación son infinitamente menores a las de los hombres: En nuestro entorno político pocas mujeres participan con honestidad, valentía y arrojo. Nineth Montenegro desde su curul en el desprestigiado Organismo Legislativo; Thelma Aldana –valerosa, sesuda y honesta– desde su riesgosa posición en la Fiscalía General. Thelma, Nineth y otras muchas mujeres son en la actualidad ejemplos de valentía, patriotismo y honestidad; a la vez que paradigmas de la dignidad de la mujer guatemalteca.

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