Miércoles 14 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Ausencia de agenda

— Editorial
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La ausencia de una agenda económica definida por parte del gobierno de turno empieza ya a provocar serias dudas dentro de los agentes económicos acerca del futuro económico del país. Hasta hoy, algunas de las pocas que han avanzado en este tema responden a problemas heredados del gobierno anterior, tal como son los casos de TCQ y la reforma de la SAT; otras a compromisos internacionales adquiridos por Guatemala, el caso de la aprobación de la Ley de Competencia; o bien, como en el caso del fallido intento de reforma tributaria de mediados del año anterior, a factores puramente coyunturales que demandaron respuestas urgentes; otras más obedecieron a presiones políticas específicas, como el caso del aumento del salario mínimo recién decretado. Usando las palabras de un investigador de ASIES citado ayer en una nota de este medio, “el Ejecutivo no ha tenido el poder de imponer los temas en agenda”; una realidad que no solo afecta a los temas económicos sino a todo el quehacer gubernamental.

Aunque una agenda económica bien definida, por sí misma, no bastaría para resolver de forma inmediata la mayoría de problemas que aquejan al país, al menos ayudaría a moderar, a perfilar mejor los posibles escenarios futuros de la economía nacional y a delinear los incentivos que deberían guiar las decisiones de inversión, ahorro y consumo en el futuro inmediato. La ausencia de una agenda pública en materia económica con un rumbo bien establecido, prioridades claras, objetivos definidos y resultados concretos exacerba la incertidumbre y pesimismo acerca del futuro económico del país. Teniendo en cuenta los grandes problemas económicos que el país atraviesa, no tener una respuesta mínima preparada para hacer frente a los principales problemas, o lo que es peor, dejar estas posibles respuestas en manos del destino, de intereses particulares, de la cooperación internacional o del Congreso, terminaría por agravar la difícil situación económica que ya se vive. Todavía estaría el Ejecutivo a tiempo de delinear una estrategia mínima de respuesta para hacer frente a los principales problemas que afronta el país, teniendo claro que, ante todo, no se puede apostar a un conjunto ilimitado de objetivos, que deben establecerse prioridades claras y concentrar toda la atención y recursos públicos a la resolución de los principales problemas.

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