Jueves 20 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Enfoque: Encrucijada 2017

No se ven los cambios que los guatemaltecos necesitamos. Por eso estamos como estamos…

 

— Gonzalo Marroquín Godoy
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Guatemala es el país de la eternal transición política. Vivimos en permanente proceso de cambio, sin lograr nada sustancial, profundo y significativo. En vez de eso, la clase política –responsable de muchos de nuestros males y de la permanente crisis institucional– logra mantener a la sociedad en discusiones bizantinas, enfocadas en lo inmediato y urgente, sin visión de mediano y largo plazo.

El gobierno de Vinicio Cerezo fue de transición entre militares y civiles. Jorge Serrano casi tira por la borda la democracia, pero se salvó finalmente y principió otra transición con Ramiro de León Carpio. Álvaro Arzú abrió más las puertas a la corrupción y esta se tornó galopante en los siguientes gobiernos, pero en ninguno se vio la menor intención para contener los abusos de los recursos del Estado, hasta la podredumbre llegó a rebalsar con la administración de Otto Pérez Molina. Ya para entonces era evidente el fracaso del sistema político.

En el camino, esa clase política despistó con vanas reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos (LEPP), que simple y sencillamente tenían como finalidad cambiar, sin que anda cambiara. La sociedad civil, en su mayoría, aceptó porque peor es nada.

Ese grupo de hábiles politiqueros ha permitido y fomentado no solo la corrupción, sino que incluso ha logrado que no se avance en la erradicación de la pobreza, que los sistemas de Salud y Educación permanezcan igual, no mejore nuestra infraestructura –el mejor ejemplo es TCQ– y, en términos generales, el desarrollo siga como la gran tarea pendiente como Nación. Por eso, ante la falta de oportunidades, tenemos también más de tres millones de connacionales luchando en Estados Unidos en condiciones muy adversas, pero más rentables que aquí.

Algunos tenían la esperanza de que en medio de la cruzada contra la corrupción que llevan a cabo el Ministerio Público (MP) y la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), el país principiara a cambiar significativamente. Sin embargo, como bien reza el refrán popular, una golondrina –o dos­­– no hace verano. Los procesos judiciales avanzan solo por la tenacidad mostrada por Iván Velásquez y Thelma Aldana, pero enfrentan la resistencia de ese sistema político que se resiste al cambio, se resiste a morir, y sigue siendo claro exponente de la Vieja Política.

El problema –si lo queremos ver y reconocer o no, es otra cosa– radica en que ya transcurrió otro año sin cambios. Mucho me temo que este sea el último en que se pueda esperar algún avance en materia política, porque a partir de 2018 empezaremos a ver la actividad de los partidos políticos, para ir a otra elección en 2019, para elegir más o menos igual que siempre.

Las reformas a la LEPP y las promocionadas reformas de segunda generación –que en realidad podrían llamarse Mamarracho 2da. Parte–, nos llevarán a otro período de transición, sin la posibilidad de ver un cambio profundo en la forma de integrar el Congreso, la Corte Suprema de Justicia y la elección presidencial.

Encrucijada es el cruce de varios caminos en diferentes direcciones. Así inicia Guatemala el 2017. Así iniciamos los guatemaltecos un nuevo año:

¿Seguirá avanzando la lucha contra la corrupción, o lograrán detenerla esas mafias infiltradas en el Estado? El presidente Jimmy Morales terminará de entender que se esperaba –y se sigue esperando– cosas diferentes de él para mejorar el país? ¿Permaneceremos en la nube del cambio, sin cambiar de rumbo? ¿La Justicia tomará un camino independiente o seguirá plegada a la clase política? ¿Decidirá el empresariado continuar su propia ruta, o asumirá un rol de trascendencia nacional?

Todo esto y muchas cosas más se irán desvelando a lo largo del año. Los antecedentes dicen que la encrucijada continuará, pero la esperanza es lo último que debemos perder… Tal vez La Plaza despierte.

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