Jueves 15 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Atentos por los embates en el 2017

Del poder ciudadano depende el futuro de Guatemala, pues jueces, magistrados y fiscales probos necesitan ese respaldo.

— Miguel Ángel Albizures
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Iniciamos el año insistiendo en el importante papel que la ciudadanía tiene que jugar a lo largo de estos doce meses, pues a finales del año pasado las mafias en las cárceles y dentro de las instituciones del Estado, afilaron sus garras para atacar con fuerza a todas aquellas personas, funcionarios e instituciones que han contribuido a fortalecer el proceso democrático del país, pues cuando la justicia funciona, la democracia se fortalece y la ciudadanía recupera la confianza perdida por décadas de complicidad.

Las campañas de desprestigio estarán a la orden del día en contra del Ministerio Público (MP), y de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), pero también contra jueces y fiscales que están cumpliendo con su deber. También estarán en la mira, las y los Magistrados de la Corte Suprema de Justicia y de la Corte de Constitucionalidad que han mantenido la frente en alto y no se han doblegado ante las presiones de las mafias. Por ellas y por ellos, la ciudadanía tiene que hacer acto de presencia pública y respaldar en las calles o frente a las instituciones a quienes representan la dignidad del país, pero también exigirles que se depuren y denuncien a quienes están agazapados sirviendo a la Juntita, sacando información y entorpeciendo investigaciones.

De los partidos políticos poco o nada podemos esperar hasta tanto sus bases no libren la lucha por depurar, desde la base, a la dirigencia cómplice de los poderes ocultos a quienes sirven. La batalla tiene que darla el ciudadano común, los hombres y mujeres de diferentes clases sociales que han tomado conciencia de la importancia de cambios en el país y que sufren las consecuencias de un Estado secuestrado por las mafias. Del poder ciudadano depende el futuro de Guatemala, pues jueces, magistrados y fiscales probos necesitan ese respaldo y el Presidente de la República y sus ministros, solo corregirán el rumbo, si la presión social se deja sentir en las calles.

Ojalá que la dirigencia de las diferentes expresiones de movimientos indígenas, campesinos, estudiantiles y obreras, en este año decisivo para avanzar, comprendan la importancia de la unidad de acción, pues si ponen sobre la mesa sus reivindicaciones, sus anhelos y esperanzas, pesan mucho más que los puntos que las dividen. Su fuerza está en la unidad y no esperen que sus bases les exijan ponerse a la hora del mundo. ¿Qué tal sería invertir recursos y esfuerzos en la realización de un Congreso Nacional de la dirigencia de todas las organizaciones sociales, acompañada de delegados representativos de sus bases para definir, unitariamente, el quehacer en el presente año? Si piensan en el futuro del país, no creo que se tiren los platos por la cara, pues todos queremos un futuro mejor para las nuevas generaciones. Solo despojándose de las enfermedades de sectarismo y vanguardismo, se puede avanzar en un proceso de unidad necesario e indispensable en los momentos difíciles en que se esperan los embates de la extrema derecha.

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