Martes 12 DE Noviembre DE 2019
Opinión

La vieja casa de la Octava Calle

Casa que siempre ha pertenecido a un barrio típicamente guatemalteco, pletórico en iglesias.

Fecha de publicación: 03-01-17
Por: José Barnoya

A mediados de septiembre de 1974 tomé del brazo a mi esposa, de las manos a los tres hijos; acaparé trebejos, bártulos y cachivaches y abandoné esta vieja casa que me cobijó con ternura por muchos años. Casa que siempre ha pertenecido a un barrio típicamente guatemalteco, pletórico en iglesias (Santa Rosa, Capuchinas, Santo Domingo, La Merced, San José); delicioso en comedores y tiendas (La Esperanza, la Rosa Blanca, La Venus, el Globo); oloroso a cantinas (Pancho el Patojo, la Nochebuena, el Roma, el Barco, el Chapincito); atrayente en prostíbulos (el Pinky Bar de la honorable Eloísa Velásquez, el Canal de Panamá, el cuarto con puerta a la calle de Ángela en la 9a. calle).

Esta antañona casa en la que estuvo provisionalmente el Palacio Arzobispal en la Nueva Guatemala de la Asunción, fue construida por don Cayetano Antonio Díaz en 1776, para luego venderla a don José María Vergara en 1779. Vergara la vendió después al presbítero Julián Martínez Batres, quien en 1794, la vendió a don Antonio Tejada. Después de sucesivas ventas, dicha casa (situada en la esquina de la 8a. calle y 10a. avenida de la zona 1) pasó a manos de la señora Isabel Barros Jiménez quien después la vendió al fotógrafo José García Sánchez, padre de mi madre, y que había sido estrella de una compañía de zarzuelas y alta comedia llegada de España.

El Arzobispo Cayetano Francos y Monroy se instaló provisionalmente en esa casa cedida por el cura Martínez Batres, los años comprendidos de 1780 a 1794; casa que todavía ostenta en la parte alta de su frontispicio de piedra, la Cruz Patriarcal. Cuando Margarita, hija mayor del fotógrafo casó con el médico Joaquín la Chinche Barnoya, la familia Barnoya García ocupó por muchos años la mitad del ala oriental de la casa (en esa casa nacieron mis hermanas Consuelo, Concha y yo, padecí la desnutrición que causó el cateo ordenado por el presidente Ubico), me matrimonié con María del Rosario Pérez; allí nacieron los hijos: Margarita, Inés y Joaquín.

Escapamos de Ella hace 42 años bajo un torrente de lágrimas, dos años antes que los terremotos de San Gilberto la resquebrajaran en 1976.

Es ahora que, gracias al entusiasmo de Ricardo Rodríguez, José Miguel del Cid, la Municipalidad de Guatemala y sus diligentes trabajadores, y a la actividad y tenacidad de los bisnietos de don José García Sánchez, que la vieja casa cobra nueva vida, para transformarse –eso esperamos– en un Centro Cultural que beneficiará a este pueblo tan necesitado de cultura.

Recorro palmo a palmo y me adentro por todos los recodos de esta casa para salir musitando:

Casa de la Octava Calle: Aquí canté mis amores / casa vieja pero hermosa / aquí sufrí mis dolores / enfrente de Santa Rosa.