Viernes 21 DE Septiembre DE 2018
Opinión

¿Cuál es el miedo?

La reforma que propongo instala al pueblo en el Congreso.

— Acisclo Valladares Molina
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Y es por ello que a lo largo de este año y más aún, durante todo el tiempo que fuere preciso, será el tema central de esta columna la necesidad de que el pueblo mismo, a través de los diputados que elija en Distrito electorales pequeños se instale en el Congreso.

Esta, la reforme política, la verdadera reforma –la reforma de la que no se habla– la reforma de los Distrito electorales pequeños –es la única que tiene importancia y que puede definir– instalado ya el pueblo en el Congreso –todas las restantes.

La reforma a la Ley Electoral y de Partidos Políticos fue un auténtico fracaso y conducirá –inexorablemente– a más de lo mismo y otro tanto ocurre con las pretendidas reformas al sector justicia, un parche más.

¿En qué se beneficia usted con las Reformas a la Ley Electoral, sostenidos como se han sostenido el monopolio de las diputaciones en los partidos políticos y los distritos electorales gigantescos que jamás permitirán que sepa usted quién es su diputado, distritos gigantescos en los cuales usted jamás tendrá contacto con él –ni siquiera como candidato– y en lo que jamás podrá castigarle con su voto.

El Congreso de la República seguirá tan ajeno a la población como lo ha sido hasta la fecha.

¿En qué podría beneficiarle a usted que los magistrados y jueces, en lugar de ser seleccionados a través del sistema de Comisiones de Postulación, necesariamente corrupto (ni la academia ni los colegios profesionales se encuentra más allá del bien y del mal) parche anterior que se planteaba como que si fuera la solución perfecta –en qué podría beneficiarse, me pregunto, ¿que este venga a ser sustituido por otro parche que podría ser incluso más peligroso que aquel, un todopoderoso Consejo de la Carrera Judicial y un Ministerio Público despojado de su función más importante, velar por el estricto cumplimiento de las leyes –en otras palabras– en poner todos los huevos en la canasta de aquellos que a lo largo de nuestra historia se han caracterizado por ser esbirros y encubridores?

La verdadera reforma es la política –la reforma de los Distritos electorales pequeños– la única que puede situar al pueblo en el Congreso (que puede situarle a usted en el Congreso) y, en consecuencia, la única que no constituye parche alguno sino un verdadero y definitivo cambio: El cambio político, motor de todos los restantes.

Si usted quiere ser candidato a diputado
–en el Sistema de Distritos pequeños– bastará con que use inscriba como tal, sin necesidad de acudir a partido político alguno y, de igual forma, cualquier otro ciudadano.

En su distrito –Distrito pequeño– se elegiría un solo diputado de tal forma que los candidatos ganen o pierdan, sin premio de
consolación alguno.

En este sistema de Distritos pequeños las campañas electorales resultan más baratas puesto que debe dirigirse el candidato a un número reducido de electores, al alcance de su mano.

En este sistema –el de los Distritos pequeños– los candidatos conocen a sus electores y los electores a los candidatos: usted sabrá, finalmente, quién es su diputado.

Y algo muy importante –fundamental– en el Sistema de Distritos pequeños no se pierde el cordón umbilical entre los electores y el electo puesto que este sabe muy bien que si es desleal con sus electores –si no hace bien su trabajo– estos le negarán la reelección con la sagrada sanción del voto.

Así como en 1985 se produjo en Guatemala una auténtica revolución –la municipalista– a través de un solo artículo de la Constitución –el que dotó de recursos al municipio por primera vez en nuestra historia– esta vez podría también producirse con una sola reforma –la que establezca el Sistema de Distritos pequeños que, con todo respeto, comparto con usted– única reforma que puede conducirnos a una Guatemala distinta –la que el pueblo quiera– el pueblo instalado en el Congreso.

¿Cuál es el miedo?

Quienes tienen el poder, quienes siempre lo han tenido, quedan expuestos a perderlo y ¡Claro está! es más que probable que lo pierdan.

¿Cuál es el miedo?

No tendré miramiento alguno en poner en evidencia la ignorancia o incluso el dolo de quienes buscan seguir parchando la Constitución con reformas que no cambian nada y que incluso pueden empeorarlo todo –reformas que dejan al pueblo– que lo dejan a usted –tan lejos del poder como siempre ha estado.

Buscaré el debate, abierto y sin tapujos –con columnistas, instituciones y personas que sigan lloriqueando, sin encontrar el camino o que lo propongan errado y, en el preciso momento en que elPeriódico haga cumplir las normas que dictara para participar en los blogs –normas que no se cumplen– quedará abierto mi blog para el debate.

¿Habré de enfrentarme a todo? ¿Me encuentro solo en la reforma que propongo? Pues, la verdad, no me importa. He sabido siempre y sé nadar –cuando creo en algo– contra toda corriente, amén de que estoy convencido de que los jóvenes encontrarán en este sistema –el de los Distritos pequeños– el camino que buscaban, tal y como lo encontrarán las poblaciones indígenas y que serán estos quienes lo enriquezcan y lo perfeccionen.

¡Desde esta primera columna, pues, hasta lograrlo! 

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