Domingo 18 DE Febrero DE 2018
Opinión

Alejandro Velásquez

Los arrebatos de la vida. Siempre nos marcan.

 

— Helmer Velásquez
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En este recodo del querido elPeriódico, siempre hemos dedicado el espacio del fin de Adviento, para rememorar a personajes y compañeros que se han apartado del camino de la vida por diversas causas. Su presencia terrena ha tenido alta significación en nuestra propia existencia, así que traerlos a la memoria y grabar su nombre a imprenta. No solamente, se trata de una grata recordación, sino que, y fundamentalmente: es una exaltación a su persona. Rememorar, es vivir intensamente momentos e incidencias de nuestra propia vida. Así, esta vez. De mi vida y memoria traigo a la imprenta a mi hijo mayor. Mi primer hijo. Alejandro. Con quien, por circunstancias de la vida no crecimos juntos, nos perdimos los buenos momentos de la vida en compañía. Tuvimos una relación más fuerte en los inicios de su vida y su juventud, poco antes de hacerse Bachiller y posterior a ese evento.

Venía Alejandro por mi trabajo: a buscar apoyo o a contarme de las peripecias de su corta vida. Se había alejado del hogar y se la jugaba –en la vida– por cuenta propia. No llegué a conocer su espectro de amistades, me frecuentó y lo encontré solo. Es Alejandro un joven del siglo XXI, pretendía establecerse como Chef y viajar por el mundo. Tenía sueños, sueños propios. Esos que todos forjamos y motivan nuestra existencia: ser escritor, escribir: decía “es una idea que me gusta”. Lo cierto, es que entre avatares de juventud y albores del nuevo siglo. Alejandro se diluyó, su dulce figura, su sonrisa, sus sueños no llegaron más a mí. Dejé de verlo; siempre se me “perdía”, incluso buenos ratos. Cuando inquirí, nadie lo había visto. Tuve algunas señales de su paradero siempre difusas. Una llamada telefónica me alertó sobre su probable desaparición. El pequeño círculo de su familia, me confirmó que estaba desaparecido y que tenían noticias –no confirmadas– de lo peor. Lo cierto es que nada se confirmó. Pero no volví a verlo. He forjado la idea de que en su devenir cosmogónico, haya encontrado el acomodo que buscaba, que sea un Chef en las enormes cocinas espaciales y que esté plasmando en escritura, lo que buscaba grabar de su tierno pensamiento.

Seguramente la vida pudo ser diferente, uno puede imaginarla distinta, suponerla de otra manera, pero no fue. Duele la ausencia, la incertidumbre. Allá, en donde te guarecés. En donde escribís. En la ternura de los cielos. Seguro tendrás la tibieza y cobijo que te arrebató esta vida.