Domingo 24 DE Marzo DE 2019
Opinión

La infamia mediática

— Editorial
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Últimamente, hemos advertido que algunos canallas han venido aprovechándose de la libertad de expresión de ideas para atacar y destruir a comunicadores y periodistas que odian, adversan, recelan, temen o envidian.

La insolencia de esta caterva llega, incluso, al insulto, con palabras soeces y groseras, que lastiman no solo la dignidad personal de los denigrados, sino que también lesionan la moral pública.

Muchos viles y abyectos se escudan tras el anonimato malvado y despreciable, o sea publicaciones sin firma o no amparadas por un editor responsable en última instancia de las comunicaciones, cuya difusión, por cierto, está prohibida por el Artículo 10 de la Ley de Emisión del Pensamiento.

En todo caso, muchos de estos canallas se valen de “call centers” para transmitir todo su veneno, odio, rencor, vulgaridad o resentimiento. Otros criminales se escudan en el anonimato o en su estancia en el extranjero, sustrayéndose con ello de la persecución penal y de la deducción de responsabilidades legales por los daños morales y materiales causados.

En elPeriódico hemos propugnado por y, asimismo, hemos estado abiertos siempre a la crítica, al cuestionamiento, al señalamiento, a la denuncia e, incluso, a la tacha, todo en aras de promover y garantizar el libre juego de opiniones y el pleno ejercicio de la libertad de pensamiento y expresión. Sin embargo, constantemente notamos que hay gente despreciable que no se dedica a objetar o disentir del contenido de los escritos publicados, sino que más bien se afana en descalificar, ofender y humillar a sus autores, con la malsana intención de desacreditarlos, intimidarlos o suprimirlos, muchas veces detrás de nombres supuestos, fingidos o apócrifos, así como de correos electrónicos con seudónimos, falsos o engañosos. Esto es inaceptable desde todo punto de vista.

Por cierto, funcionarios de la Municipalidad de Guatemala, incluso, han llegado al extremo de distribuir volantes anónimos, en los que se descalifica, denigra, ofende, calumnia e insulta a periodistas, profesionales y personas que les desagradan o incomodan. En todo caso, cabe preguntar a la Fiscalía de Delitos contra Periodistas del Ministerio Público por qué no ha avanzado esta investigación criminal.

Por tanto, alentamos la creación de una defensoría de periodistas y comunicadores, a fin de que, además de defender el ejercicio de la libertad de expresión de ideas y los derechos de los periodistas y comunicadores, investigue y presente denuncias penales contra los responsables de las publicaciones apócrifas y anónimas (impresas, radiales, televisivas, electrónicas, digitales y demás), especialmente aquellas en las cuales solo se vierten insultos, infamias, humillaciones, bajezas, vituperios, perversiones e iniquidades. Asimismo, alentamos a los ofendidos a que accionen legalmente ante los tribunales de justicia contra aquellos ofensores que han sido identificados

o que se han identificado, a fin de que estos sean debidamente castigados.

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