Viernes 24 DE Mayo DE 2019
Opinión

El tiempo

Así es como el amor es tiempo y el tiempo es amor verdadero, puro, que cada día existe menos.

Fecha de publicación: 27-12-16

Para muchos o para pocos se va de prisa con una leve sonrisa muy parecida a la brisa que suele acariciar el carmín de las flores de azalea en la noche tierna, antes de que el sol las despierte con un beso apasionado que no se deja ver, lleno de poesía y ternura esperando el movimiento de los depredadores que lastiman la belleza, los nombres y la soledad de los olvidados. Y es que el tiempo nunca vuelve porque lo que se fue, se fue y no sabe regresar ni en forma repentina por pura rutina como las abejas que pican y se van dejando ansiedades dormidas, dispersas, sueños pendientes de una mirada eterna, inolvidable, que se aleja poco a poco volviéndose pasión fragmentada, herida por el orgullo que no cede en su lucha con el destino, con la verdad verdadera que habla tranquila con el alma que conoce y la escucha con atención en intimidad fraterna, sin denuncia ni engaño, limpia como la pobreza. Así es como el amor es tiempo y el tiempo es amor verdadero, puro, que cada día existe menos y desaparece vestido de gitano con la camisa en la mano y un pañuelo en la cabeza viviendo con tenacidad renovada que al caer sin vacilar se levanta por ser una llama especial que no se apaga del todo a pesar de que amar es vivir y vivir es morir despacio, con paciencia, enredados entre verdades y mentiras, entre el pasado y el futuro que no existen porque uno murió y el otro no nace todavía. Tal vez por eso huimos de nuestra sombra sin poder evitarlo, encerrados en la piel de la conciencia, compañera inseparable en el ocaso que llega en el otoño, el estío o cualquier día que nace y perece con una intensidad extraña que quizá sea la verdadera esencia de la vida en la hora del trasiego de la luz y la sombra donde fugazmente se evocan los sueños eternos, distantes cada vez más de los momentos sublimes de la vida que se van y se pierden suavemente como un eco que camina agarrado de la mano con el aire y no regresa jamás.

Por suerte la modernidad no ha devorado el sentido universal del sentimiento que ahora se siente incómodo y extraño por la irreverencia cotidiana, por el absurdo que pretende romper su encanto singular todavía defendido por un coro de bohemios, reyes destronados y acosados por la novedad de amar sin amor, simulación que sin límite devora la tierra, su propio cuerpo, ajena a la voluntad de saber vivir y aprender a morir con dignidad. Así es como el tiempo viste a la vida de seda y vida se queda, aunque se vuelva corta y violenta, amarga y cruel sin dejar espacio para nada, ni siquiera para mirar de cerca una mirada apagada por la sed de amar, de sentir un halago o la caricia de un recuerdo dulce sacrificado por el silencio, sin entender que siempre se puede rescatar esa sed, el perfume y los sueños perdidos en un crucero que se hunde por su propio peso sin capitán ni tripulación. Y de repente nos encontramos solos en la vida tratando de empezar una historia diferente, original, con la fuerza que nos da salir huyendo de una batalla perdida por la fatiga que provoca el amanecer al abrir los ojos y ver la realidad, evitando entregarnos con facilidad al destino escrito en latín en el sendero sin poner condiciones, igual que el día a la noche y la noche al día, callados como una alfombra persa que sirve de frontera entre los amantes y el suelo. Así se intenta transitar el resto del camino que queda buscando un instante de amor, manteniendo viva la ilusión sentada en una silla de bambú que el tiempo mece como las olas del mar, que saltan de alegría al tocar los pies de la arena morena que sale del vientre de los volcanes esbeltos vestidos de negro, cuidando el horizonte azul con la humildad de un soldado de plomo. Para los que no se llevan bien con la vida y su patrimonio es la esperanza exterminada, el tiempo no pasará aunque vivan mil años porque no existen en él recuerdo ni en el silencio de la noche. Feliz Año Nuevo.