Sábado 20 DE Julio DE 2019
Opinión

¿Es compatible el desarrollo económico con el medioambiente?

Tal vez lo que nos ha faltado es contar con un modelo y marco regulatorio que balancee el crecimiento con el medioambiente.

Fecha de publicación: 22-12-16
Por: Juan José Micheo Fuentes

En el año 1992 en la Conferencia de Naciones Unidas del Medioambiente se aprobó la Declaración de Río, que declaró prioritario el cuidado de la naturaleza como parte integral del proceso de desarrollo económico. En el 2012 de nuevo en Río, se enfatiza la necesidad urgente de implementar programas estatales y marcos sancionatorios para no seguir deteriorando el medioambiente. Más recientemente, en diciembre de 2015 se suscribe el Acuerdo de París en la Cumbre del Clima, donde 195 países se comprometen a reducir el aumento de la temperatura durante el presente siglo para aminorar eventuales desastres naturales, conservar las especies y asegurar la producción de alimentos y fuentes de agua.

Si hablamos de la región centroamericana, nos encontramos con economías exportadoras de materias primas y minifundios que presionan la frontera alimenticia y comprometen el ambiente. A finales del siglo pasado los países de la región decretaron leyes de “conservación del medioambiente” con escasos resultados. Es hasta en el presente que cambia el paradigma hacia la “sostenibilidad” de los recursos, lo cual supone que las necesidades actuales deben satisfacerse sin mermar las posibilidades de que las generaciones futuras satisfagan las suyas. Dicho de otro modo, debemos utilizar los recursos de manera racional.

Centroamérica es un territorio bendecido por Dios con mares que bañan sus costas, caídas naturales de agua, ríos caudalosos, lagos, múltiples climas, abundante biodiversidad, cadenas volcánicas, mantos de petróleo, gas natural y vetas de minerales. Exuberante riqueza natural que convive con gente extremadamente pobre. Montañas y valles que explotan campesinos con cultivos de maíz y frijol que esconden insumos estratégicos de inconmensurable valor. Surge entonces, la gran pregunta: ¿cómo vamos a conjugar y explotar los inmensos recursos naturales en beneficio de nuestra población depauperada, salvaguardando la ecología?

Tal vez lo que nos ha faltado es contar con un modelo y marco regulatorio que balancee el crecimiento con el medioambiente. Las estrategias de desarrollo en muchos campos se contradicen, por ejemplo la minería a cielo abierto no puede convivir con el cuidado de los bosques. Un buen referente en ese sentido es Costa Rica. El país hermano escogió como motor de desarrollo la ecología y el turismo. Para ellos es fácil discriminar opciones entre minería o protección de bosques, la pesca deportiva o el procesamiento de la carne de pescado, los cultivos extensivos o la preservación de áreas protegidas. Traigo a colación ese modelo para ilustrar cómo un país puede y debe seleccionar sus sectores estratégicos, y con base en ellos definir sus planes nacionales y políticas de Estado.

Encajan también estrategias de explotación minera no invasivas o centrales hidroeléctricas al filo de agua que cuenten con moderna tecnología que mitigue los efectos adversos de sus operaciones para no dañar la naturaleza. El crecimiento económico y el resguardo de la ecología son posibles, lo que hace falta es sentar a la mesa a empresarios, comunidades circundantes, sociedad civil, científicos y técnicos para en conjunto escoger los medios, en este campo, que conduzcan al desarrollo compartido, esperanzador y sostenible que todos anhelamos.