Miércoles 24 DE Abril DE 2019
Opinión

Enfoque: El año perdido con Jimmy Morales

El meollo de los problemas más grave es el sistema de partidos políticos caótico.

— Gonzalo Marroquín Godoy

Hace un año para esta época, algunos tenían la esperanza de que Guatemala estaba a punto de iniciar un período diferente en el que se dejaría atrás la vieja política para iniciar una nueva, transparente, más productiva y eficiente. Poco tiempo duraron los sueños de quienes así pensaron, porque desde el discurso de toma de posesión era fácil comprobar que Jimmy Morales no sería el hombre para sacar al país del atascadero en el que lo ha metido la llamada clase política.

Y a las vanas palabras de aquel discurso light, siguieron los hechos. El hombre que supuestamente estaba comprometido con la lucha contra la corrupción, pronto avaló que su minúsculo partido (FCN-Nación) saliera a comprar diputados tránsfugas para convertirse en la principal fuerza parlamentaria del Congreso. Era una primera campanada de miedo.

Para intentar tapar el sol con un dedo, esa misma clase política, impulsa un mamarracho de reforma –¡que no lo es de fondo!– del sistema político. Los políticos, como era de esperarse, se encargaron de cuidarse para hacer una reforma que no les perjudica en nada, como tampoco cambia la esencia del sistema, que ha sido el punto de partida para abrir las puertas a la corrupción y, como presentan el tema la CICIG y el MP, que el Estado se mantenga cooptado por las mafias que operan sus entrañas.

Las reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos (LEPP) aseguran que los partidos continúen sin democratización interna, puedan recibir financiamiento privado y los ciudadanos tengamos que pagar la campaña electoral en medios; se elegirá diputados a ciegas, como hasta ahora y, aunque se maquilla un mejor TSE, la verdad es que todo seguirá más o menos igual.

El pobre presidente Morales no se atrevió a vetar esa ley y, junto a los incautos que prepararon nuevas reformas –que tampoco resuelven los problemas de fondo–, se quedarán esperando su aprobación. Lo de pobre, no lo sé si es tanto, o todo fue premeditado para hacer un show y las cosas siguieran igual.

Mientras tanto, la cruzada del MP y la CICIG contra la impunidad y la corrupción continuó a lo largo del año, pero paralela a ella se ha visto que aquellas mafias infiltradas en el Estado –aunque muchas de ellas han caído y han sido desarticuladas-– principian a dar indicios de un logro peligroso: se están reagrupando y preparan el
contraataque.

Enumerar la lista de aspectos que muestran que el 2016 es el primer año perdido con estas autoridades sería largo y tedioso. Basta decir que no hay nada en el camino que lleve a pensar que el próximo año puede ser mejor y diferente. 

Debo hacer énfasis en el tema del sistema de partidos políticos, porque lamentablemente, es la clave para que, algún día, puedan darse cambios auténticos en el país.  Mientras la clase política –así nos referimos a los políticos corruptos que han dominado la escena nacional desde 1986– siga con poder de manipulación de los tres poderes del Estado, como hasta ahora, veremos que la corrupción y la impunidad continúan y se enraízan más.

El movimiento cívico que ahora se llama La Plaza, planteó la necesidad de dos cambios básicos: ¡Renuncia ya!, y ¡Justicia ya! El primero apuntaba a que salieran los gobernantes de turno –en aquel entonces Otto Pérez y Roxana Baldetti–, pero en el fondo era toda esa clase política tradicional y corrupta que ellos representaban. El segundo, cambiar de fondo el sistema de justicia. Pero ya vemos como aún se encubre y beneficia a personajes como el exalcalde Arnoldo Medrano –librado de penas y múltiples delitos–, y el diputado oficialista y amigo cercano del presidente, Edgar el Puñalito Ovalle.  Pero ojo, en el futuro, muchos de los hoy acusados por las fiscalías, podrían cubrirse con el mismo manto de impunidad.

La corrupción y la impunidad son los peores enemigos del desarrollo. Contribuyen a que en el país haya mayor pobreza, menos educación, salud, seguridad e infraestructura, entre otras cosas. Hasta aquí en esta primera columna en elPeriódico, desde el cual espero contribuir con Guatemala haciendo uso de la libertad de expresión. Gracias lectores.

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