Miércoles 26 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Conciencia plena

Es rico aquel que se adueña de cada día.

 

— Luis Fernando Cáceres
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Es inquietante ver cómo vivimos sin conciencia de nuestro existir. Y no es precisamente que vivamos de prisa y que por lo tanto nuestra vida carezca de conciencia, ya sea lenta o apresurada por un remolino de urgencias, nuestra travesía de vida se torna frívola y automática. Es que en algún momento perdimos el aprecio por la delicadeza que supone estar conectado con uno mismo.

La vida así se torna ya sea en una maraña de memorias que no hacen mucho sentido y que carecen de propósito y satisfacción o en una maleza intransitable de preocupaciones. Es precisamente como lo decía arriba; se torna en una existencia en automático que, además, en ocasiones es dolorosa por el desplome de preocupaciones que permitimos que entierre nuestros días.

Por el contrario, a lo que debiéramos aspirar es a poder estar en una constante conciencia de nuestro presente. Y no es que tengamos que desechar el pasado o que no debamos planificar, es simplemente que no debemos llorar por leche derramada y que no debemos llenarnos de preocupaciones que provienen de suposiciones con poco mérito.

Hay un poema de Ralph Waldo Emerson que quizá lo exprese mejor: “Escribe en tu corazón que cada día es el mejor del año. Es rico aquel que se adueña de cada día y nadie es dueño del día si permite que las inquietudes y la ansiedad lo invada. Finaliza cada día y termina con él. Has hecho lo que has podido. Algunos errores y deslices se colaron sin duda. Olvídalos tan pronto como puedas, mañana es un nuevo día; inícialo sereno con un espíritu tan meritorio que no sucumba ante simplezas del pasado. Este nuevo día, con sus esperanzas y oportunidades, es muy valioso como para desperdiciar un momento de él con cosas del pasado”.

 No cuesta mucho que nuestra mente sea invadida de miles de pensamientos y la mayoría de ellos no contienen mucho valor porque son revisiones del pasado o preocupaciones del futuro. Ambas formas no contribuyen mucho. Creo que debemos sí reflexionar en lo que hicimos en el pasado, aprender de lo bueno y de lo malo y dejarlo hasta ahí. No hay nada más que el pasado nos pueda dar si no memorias dulces cuando ellas existan. Por demás, esos instantes debemos desecharlos luego de haber aprendido de ellos. Por otro lado, debemos sí planificar el futuro y disfrutar hacerlo porque eso nos permite verlo, lo previvimos, pero si prever se torna en preocupaciones dejamos de obtener nada provechoso de esos pensamientos y debemos abandonarlos por igual.

La idea central es que al liberarnos de tantos pensamientos inútiles tengamos la serenidad para poder penetrarnos en el presente y disfrutar de la conversación, de la lectura, de la sesión de trabajo, del ejercicio y cualquier cosa que hagamos. Debemos adentrarnos con profundidad en lo que hacemos y disfrutarlo plenamente. Debemos estar conscientes de nuestra vida. Debemos adueñarnos del día.

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