Martes 18 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Roberto Solís Hegel

Ingeniero excepcional, tan fiero y exigente, que tenía el sobre nombre de el Tigre.


 

— Francisco Arimany
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Toda persona encuentra en el transcurso de su vida, momentos y personas que les dejarán huella y que son constante motivo de un recuerdo, situación que se hará presente en diferentes oportunidades, especialmente en aquellas donde se tiene que elegir el camino a tomar.

A finales de los años sesenta del siglo pasado, para obtener el título en la carrera de ingeniería se debían ganar doce semestres con cinco cursos cada uno, un examen privado ante tres profesores y elaborar una tesis, con la asesoría de un profesional y un examen ante su asesor y cuatro profesionales.

La Usac tenía reconocimiento internacional, contaba con profesionales profesores que impartían clases, con reconocida capacidad y experiencia, algo común en todas las carreras de las diferentes facultades de la universidad.

Cuando terminé las clases y gané el privado, me tocó escoger un tema de tesis y al asesor adecuado para el mismo, ¿Cómo y a quién escoger? Una tarea difícil, porque ello implicaba que el mismo tendría que aceptar darme muchas horas de su tiempo y guiarme en el trabajo que iba a desarrollar.

En mi experiencia como deportista, al analizar los resultados históricos de la natación en las Olimpiadas, deporte en el que había entrenado durante más de trece años, me di cuenta que surgían diferentes equipos de países, integrados por nadadores con tiempos excepcionales, que los convertían en campeones mundiales; lo increíble era que ello ocurría en varios lugares y, todo el tiempo; evidentemente era imposible que surgieran varios nadadores excepcionales en pequeños pueblos, tenía que haber un factor que convertía a personas comunes, pero con facilidades, en deportistas superdotados.

La  pregunta fue: ¿Qué hace que surjan en un lugar, deportistas y científicos que se conviertan en excepcionales? Encontré que el único factor común para ello, eran, para cada caso, el entrenador y el profesor, idea reforzada con el recuerdo histórico de la trilogía: Platón, Aristóteles y Alejandro Magno.

El tema que me parecía interesante, era la construcción de galeras de dos aguas con estructuras de concreto reforzado, por lo tanto pensé en diseñar un programa que calculara con sus dimensiones y refuerzos, para cualquier tipo de cargas, las características de las estructuras con sus columnas y vigas, con posibilidades hasta de tres cartelas diferentes en cada una; pudiendo tener cualquier posición la combinación de cartelas rectas, circulares o parabólicas y, para que fuera completa, si se conocía la resistencia del suelo, el diseño fuera para tres tipos de zapatas rectangulares: con carga en el centro, en el centro de una orilla y en una esquina.

Para hacerlo tenía que armar un programa de computadora, e instalarlo en la nueva computadora de la Facultad de Ingeniería.

El encargado de traer la primer computadora al país, era un ingeniero excepcional, tan fiero y exigente, que tenía el sobre nombre de ‘el Tigre’; era una IBM 1620 con veinte mil posiciones de memoria, hoy tienen millones, hasta los celulares pequeños tienen muchísimas posiciones más.

Me animé a solicitar al ‘Tigre’ que fuera mi asesor, aceptó; entre los trabajos, hizo un programa para ligar los catorce de la tesis y fue mi guía durante cinco años; su capacidad y conocimiento fueron parte de mi motivación.

El sábado pasado, cuando el Consejo Directivo de la Usac reconoció a un profesional destacado de cada carrera, escogió para los Ingenieros Civiles a mi asesor, el ingeniero Roberto Solís Hegel.

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