Lunes 19 DE Noviembre DE 2018
Opinión

La Inteligencia Artificial, la conciencia humana y el trabajo

La inteligencia artificial no trata de construir una mente; trata de mejorar las herramientas para resolver problemas.

— Roberto Blum
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La “habitación china,” experimento mental de John Searle, filósofo estadounidense es quizás el más conocido argumento contra la posibilidad de que alguna vez las máquinas puedan llegar a pensar y tener conciencia. Este experimento se ha considerado como un fuerte argumento contra la Inteligencia Artificial (IA) y la ya famosa “prueba de Turing”.

Para Searle y quienes comparten sus conceptos, una máquina que pudiera traducir del inglés al chino y viceversa, sería solo eso, una máquina capaz de seguir las reglas y los signos de ambas lenguas, pero incapaz de entender qué significa lo que está haciendo. Le haría falta convertir eso en acciones significativas en el mundo real, en el mundo fuera de la “habitación china”.

La empresa estadounidense Google ha estado trabajando en producir un traductor automático del inglés al chino y a otros idiomas. Este año logró un salto cualitativo en ese proyecto. Su traductor no solo es tan bueno como un traductor humano profesional sino aunado a otros proyectos, como “Brain” de la misma empresa, parece estar alcanzando lo que para Searle era imposible. El entrecomillado siguiente es una traducción Google del texto de un párrafo del artículo de The New York Times The Great A.I. Awakening. “En el experimento de Searle, un monolingüe inglés se sienta solo en una celda. Un carcelero invisible le pasa a través de una ranura en la puerta, hojas de papel marcadas con caracteres chinos. El prisionero ha recibido un conjunto de tablas y reglas en inglés para la composición de las respuestas. Se vuelve tan adepto con estas instrucciones que sus respuestas son pronto ‘absolutamente indistinguibles de las de los hablantes chinos’. ¿Debería decirse que el desafortunado prisionero ‘entiende’ chino? Searle pensó que la respuesta era obviamente no”.

Y sigue con otros párrafos del artículo citado, también traducidos por Google Translate, “sin embargo, para el equipo de Google Brain, o para casi todos los demás que trabajan en el aprendizaje de máquinas en Silicon Valley, esa visión es totalmente ajena al punto. Esto no significa que estén ignorando la cuestión filosófica. Significa que tienen una visión fundamentalmente diferente de la mente. A diferencia de Searle, ellos no asumen que la ‘conciencia’ es un atributo mental especial –lo que el filósofo Gilbert Ryle llamó el ‘fantasma en la máquina’. Simplemente creen en cambio que el conjunto complejo de habilidades que llamamos ‘conciencia’ ha surgido aleatoriamente de la actividad coordinada de muchos mecanismos simples diferentes”.

“La implicación es que nuestra facilidad con lo que consideramos los registros más altos del pensamiento no son diferentes en clase de lo que estamos tentados a percibir como los registros inferiores. El razonamiento lógico, por esta razón, es visto como una adaptación afortunada; semejante a la capacidad de lanzar y atrapar una pelota. La inteligencia artificial no trata de construir una mente; trata de mejorar las herramientas para resolver problemas”.

Y efectivamente, la inteligencia artificial (IA) es hoy ya más hábil para detectar tumores que un radiólogo profesional, hacer mejores diagnósticos médicos que un equipo de médicos especialistas o bien de investigar precedentes y argumentar legalmente mejor que un grupo de abogados corporativos. No solo serán los 3.5 millones de choferes de autobuses y camiones de carga en los Estados Unidos los que pronto serán desplazados por las máquinas inteligentes, sino que quizás estamos comenzando a observar el “fin del trabajo” que hace veintiún años predecía Jeremy Rifkin.

El mundo está cambiando aceleradamente por lo que debemos tratar de imaginar los probables futuros y cuáles deberán ser nuestras respuestas. Esto es ya un reto fantástico.

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