Viernes 16 DE Noviembre DE 2018
Opinión

El macho chapín

Cuando se zampe sus frías, piense a quiénes está sirviendo.

 

— Anamaría Cofiño K.
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Hace poco publiqué en este espacio una columna titulada “Hombres justos”, que trataba sobre algunos que han tomado conciencia de las formas en que han sido construidos como piezas de la maquinaria patriarcal, y por lo mismo, buscan desembarazarse de los prejuicios, las costumbres y las ideas que los convierten en tontos machines. Hoy vamos a hablar del estereotipo del macho chapín, es decir de una abstracción o modelo; no es que todos sean igualitos, es la conjunción de rasgos que muchos comparten.

El chapín que se identifica y siente como tal, es producto de la colonialidad: su identidad ha sido forjada a partir del proceso de invasión y dominación impuestos en estos territorios a fuerza de armas, terror y creencias ajenas. No sabemos mucho de los hombres que vivieron en el patriarcado prehispánico, pero si como dice la arqueología, había un sistema jerárquico y autoritario, podemos pensar que no se estableció con divino modo, y que tampoco era muy democrático que digamos, porque mantener a una casta o elite, cuesta mucho esfuerzo, sobre todo de quienes les garantizan el sustento y el bienestar. Las guerras entre distintos grupos, la esclavitud, el intercambio de mujeres, la destrucción del entorno natural ya existían antes de la llegada de los conquistadores. Después todo empeoró.

El chapín, para empezar, es ladino, se viste, habla y actúa siempre poniendo distancia con los descendientes de los pueblos originarios, considera que estos son salvajes o subdesarrollados y su aspiración es parecer occidental, kaxlán. Su racismo absurdo le impele a imitar a los canches que lo tratan con la punta del pie.

Los chapines suelen ser fanáticos de algún equipo de fut por el que son capaces de agarrarse a pencazos; e invierten en seguirlo más tiempo del que pasan con sus familias. Y como hay empresas que históricamente se han enriquecido enajenando a las multitudes, pues estos pobres diablos caen en la trampa de ponerse idiotas y dañar su salud, con bebidas embriagantes que los hacen sentirse más chingones.

El guaro es el aderezo principal del machismo chapín, con unos tragos se atreven a alzar la voz, a decir lo que sienten, a abusar de las mujeres, a maltratar a quien les caiga mal. Bajo efectos del alcohol, les sale lo violento, actúan como gallitos. No de balde es ese símbolo el que el sistema económico nos impone por todas partes, en el deporte, en los adornos, hasta entre la sopa.

Ya engasados y envalentonados, estos individuos sacan las frustraciones y temores misóginos contra las mujeres, insultándolas, golpeándolas o violándolas, eso les hace sentir fuertes. Es tal la fragilidad de su hombría, basada en una supuesta superioridad, que tienen que demostrarla comportándose irracionalmente.

El machismo destruye los vínculos de solidaridad y afecto. Confronta a los hombres entre sí y con las mujeres y sus descendientes. Es causa de que esta sociedad esté tan maltrecha.

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