Viernes 16 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Salario mínimo y empleo

— Editorial
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No sorprende a nadie que la Comisión Nacional del Salario no haya llegado a un acuerdo acerca del aumento del salario mínimo que regirá en el país durante el año 2017. Esa ha sido la tónica desde hace muchos años atrás; lo que debiera ser una discusión eminentemente técnica se ha convertido, con el paso del tiempo, en un estéril ejercicio en donde nunca se llega a una decisión final, quedando tan importante decisión, finalmente, en manos del Ejecutivo. Una dinámica en extremo riesgosa para el país, ya que una decisión que debería tener fundamentos técnicos puede terminar tomándose en base a criterios puramente políticos. Cuestión que, como atestigua la historia reciente, no siempre ha tenido los mejores resultados para el país. En tal sentido, es importante que las autoridades del Ministerio de Trabajo y Previsión Social, en primera instancia, y los asesores del Presidente, en segunda instancia, ponderen de manera adecuada los riesgos económicos potenciales que se ciernen sobre el país durante 2017 antes de tomar cualquier decisión. No deben perder de vista estos expertos la necesidad de preservar el, de por sí, ya escaso empleo formal que genera el país, así como la necesidad de propiciar condiciones que permitan generar nuevas oportunidades de trabajo en el país.

En las condiciones económicas actuales, en las cuales la mayoría de nuestros países vecinos han devaluado sus monedas, mientras que nuestra moneda se revalúa, el salario mínimo nacional, expresado en dólares, ha aumentado de manera considerable frente a nuestros más cercanos competidores en productos exportables y atracción de inversiones. Razón que por sí sola, sin necesidad de aumentos adicionales al salario mínimo, está ya destruyendo plazas de trabajo formal en sectores particularmente sensibles a variaciones en los costos laborales. Si a esto se añade los probables aumentos en el precio del petróleo; una ostensible reducción en el nivel de remesas o un incremento en la cantidad de repatriados, producto de algún cambio en la política migratoria estadounidense; y reducciones adicionales en los precios de las exportaciones; el panorama sobre el mercado laboral para 2017 sería bastante sombrío. Ante tal situación, aumentar por decreto el salario mínimo tendría funestas consecuencias para la preservación del empleo existente y para las posibilidades de expandir la creación de empleo.

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