Domingo 23 DE Septiembre DE 2018
Opinión

No se lo digas a nadie

Guatemala es el secreto.

 

— Méndez Vides
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La campaña publicitaria del Inguat no es simplemente un medio para derrochar dinero, sino es un instrumento conceptual de formación ciudadana negativa, porque en lugar de promover limpiamente los atractivos de nuestro país, renovando el asombro ante los volcanes activos, exhibiendo la belleza de lagos y montañas que nos llaman (porque el lago de Atitlán nos está esperando, ¿hace cuánto no mojas tus pies en su orilla?), o en lugar de atraer a dejarse envolver por los paisajes de ensueño realizando un paseo vespertino por las calles coloniales empedradas de nuestra historia o cayendo apabullados ante monumentos prehispánicos en una visita familiar de fin de semana a Mixco Viejo (como le decimos los chapines a pesar de decretos gubernamentales que quieren cambiarle el nombre a las cosas), el Inguat nos mete en un enredo de mensaje negativo, estimulando la vena nacional de la envidia y el chisme. La campaña está diciendo que no podemos ser expresivos ni abiertos, que nos callemos.

La identidad chapina está repleta de taras por la violencia, dominación y cultura de los “orejas”, de chisme que se propaga como fuego en petate, y solo el desarrollo humano nos permitirá superar tales defectos. La función del Estado es educar a la población. No se logra nada positivo envolviendo lo bueno en la voluta de negativismo y envidia, propagando la experiencia del subdesarrollo de “viaja y no se lo digas a nadie”, para que no sepan otros, o, al contrario, que te vean y envidien quienes no pueden hacerlo.

Guatemala no es un secreto, no hay nada oculto en su belleza natural, todos sabemos que existen destinos impresionantes. Paseando por las calles de La Antigua se presencia repentinamente una voluta de fuego que expulsa el volcán y desaparece. Pero en lugar de tales milagros se promueve el secreto, ocultar, mentir, no decir, vicios de los que ya estamos cansados.

La violencia actual, el robo, la mentira, la extorsión, el secuestro y los actos evidenciados de corrupción en el Estado nos han revuelto el ánimo. Ya no se viaja tanto por miedo. Hay malos ejemplos por todos lados, como el de los irresponsables o ingenuos vecinos que perdiendo el sentido del respeto hacia los demás, convirtieron una tradición festiva de quema del diablo en La Antigua, en desparpajo y mala vibra, porque quemaron la imagen de una “madre diabólica”, pero a la postre madre, lo que se opone radicalmente a nuestra cultura cuaresmal. Toda maternidad es buena, y no puede empatarse con la idea del mal. Esa no es tradición nuestra, como tampoco linchar ni la anarquía.

El Inguat debe contrarrestar la mala vibra haciendo publicidad proactiva, de mensaje positivo, que sí impulse a la gente a salir, a disfrutar. Y si no pueden, que mejor ahorren y se mantengan calladitos, que así se ven mejor.

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