Miércoles 24 DE Abril DE 2019
Opinión

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El principio de igualdad ante la ley y su observancia de carácter general debe prevalecer sin atender a un grupo social determinado.

— Amílcar Álvarez

La reforma constitucional la convirtieron en polvo con el llamado pluralismo jurídico, dividiendo el país en blanco y negro provocando que gane el “No” en la consulta popular. ¿Si en México la población indígena es igual o mayor que en Guatemala, por qué no promueven una reforma similar? ¿Nos reconcilia el pluralismo jurídico o divide más? En las sociedades ancestrales el origen de la autoridad es el consentimiento mutuo no la coerción y de regularse la costumbre en la Carta Magna, en el futuro la realidad obligará a complementarla con leyes ordinarias y se armará un gran camote. Además, qué sentido tiene componer lo que funciona bien, si independiente de que se apruebe o no la reforma, aplican la justicia ancestral a su leal saber y entender. ¿No es mejor dejar las cosas como están, al no existir una norma que anule las diferencias de raza? Antes de que el Congreso retome la discusión del tema deberían investigar si existe ese tipo de pluralismo en Bolivia, el Perú, Ecuador etcétera, cómo funciona y la razón de no implementar legislación uniforme para la América Indígena. ¿Será que la mayoría solo siente y no piensa? También aclarar el ejercicio de la función jurisdiccional, la competencia en el ramo civil, penal, laboral, administrativo y el sometimiento de los ladinos a la justicia plural, etcétera. Al darle status jurídico a la costumbre en un mismo Estado rigen dos sistemas diferentes y las sentencias de la justicia indígena como una manifestación de la voluntad del juzgador, no son un acto jurisdiccional creando más conflictos que soluciones, alejándonos de la integración social. Por otra parte los indígenas no viven al margen de la tecnología, las nuevas generaciones se modernizan y evolucionan con la ilusión de un cambio real y es raro que compartan las costumbres de la minoría que las contaminó y practica alejada de la autenticidad ancestral, enfocada en algunos casos en el cuscun y el pisto.

La manipulación de los pueblos indígenas es sistemática y abusiva, tratando de rebasar con fines aviesos el concepto de pueblo como un conjunto de personas que viven en un lugar determinado, confundiéndolo a propósito con el de Nación que involucra unidad de territorio, origen, lengua, gobierno, etcétera, sinónimo de Estado. En ese afán, los que se atribuyen el papel tutelar de componerle la vida a los demás arreglando la propia viviendo de la teta del Estado, tienen una participación destacada en el proyecto con una percepción teórica distorsionada de la realidad, al identificar los valores sociales con sus intereses personales sin conocer la incertidumbre de la vida diaria, limitándose a exigir de manera implacable el pago puntual de su estipendio mensual, resultando fácil en esas condiciones contar cuentos y embrocar al país en la turbulencia de un futuro incierto, sin entender que la evolución de la sociedad no da margen a detener el tiempo. El esquema conceptual ideológico no tiene cabida en un sistema jurídico que busca como fin supremo la justicia que solo la conducta humana puede cambiar, resultando inmoral cultivar la moral del resentimiento desacreditando los instrumentos disponibles que permiten explicar y señalar de manera sensata la ruta que conduce a consolidar una sociedad solidaria basada en el respeto de la ley, cumpliéndola sin necesidad de inventar y vender sueños baratos a los incautos. El principio de igualdad ante la ley y su observancia de carácter general debe prevalecer sin atender a un grupo social determinado, la reforma no es mandato divino y si nos divide más de lo que estamos lesionando la integridad del sistema jurídico y de paso desbaratar el Estado, mejor que la costumbre siga siendo costumbre. Los que señalan de racistas las opiniones disidentes son intolerantes radicales, y si esa debilidad es su fortaleza están jodidos.

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